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martes, 22 de octubre de 2013

La radiación puede suponer un riesgo mayor de cáncer en niños

Los bebés y los niños pueden estar en mayor riesgo que los adultos de desarrollar algunos cánceres cuando se ven expuestos a la radiación, por ejemplo de accidentes nucleares, dijo un informe científico de la ONU presentado en Viena.

El trabajo halló que los niños eran más sensibles que los adultos al desarrollo del 25 por ciento de tipos de tumores como los de leucemia, tiroides, cerebro y mama, dijo.

"El riesgo puede ser significativamente mayor, dependiendo de las circunstancias", dijo el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR, por sus siglas en inglés) en un comunicado.

El UNSCEAR dijo que comenzó a trabajar en el informe en 2011, el mismo año que el accidente nuclear de Fukushima, aunque el peor desastre atómico en 25 años no fue mencionado en el comunicado. El comité dijo en mayo que no se esperaba que el índice de cáncer aumentara tras el accidente de Fukushima.

Los estudios sobre el accidente de Chernóbil en 1986 en Ucrania han vinculado, sin embargo, el cáncer de tiroides con el yodo radiactivo. El tiroides es el órgano más expuesto ya que el yodo radiactivo se concentra ahí. Se estima que los niños son especialmente vulnerables.

El informe, presentado ante la Asamblea General de la ONU, dijo que se debería estudiar por separado a niños y adultos después de una exposición para predecir el riesgo de forma más precisa.

"Dadas las diferencias anatómicas y fisiológicas, la exposición a la radiación tiene un impacto diferente en niños comparado con los adultos", dijo Fred Mettler, presidente del grupo de expertos UNSCEAR sobre este tema.

"No se recomienda usar las mismas generalizaciones empleadas con adultos cuando se consideran los riesgos y efectos de la exposición a la radiación durante la infancia", añadió.

Los niños habitualmente son evaluados junto con los adultos en estudios epidemiológicos, dijo el comité de la ONU.

UNSCEAR dijo que había revisado 23 tipos de cáncer, algunos de los cuales "eran muy relevantes para evaluar las consecuencias radiológicas" de los accidentes nucleares y de algunos procedimientos médicos.

Para aproximadamente el 15 por ciento de los tipos de cáncer, como el de colon, se halló que los niños tenían la misma sensibilidad a la radiación que los adultos, y para el 10 por ciento de los tipos de cáncer, como los que afectan a los pulmones, los niños eran menos sensibles que los adultos, dijo.

"Los datos eran demasiado débiles para sacar ninguna conclusión para el 20 por ciento de los cánceres", dijo UNSCEAR. "Hubo un vínculo débil o inexistente entre la exposición y el riesgo a cualquier edad en el 30 por ciento de los cánceres", añadió.

martes, 14 de junio de 2011

La CE propone revisar las normas de exposición a los campos electromagnéticos

La Comisión Europea (CE) ha propuesto hoy la revisión de la normativa sobre trabajadores expuestos a campos electromagnéticos, con vistas a aumentar la protección de profesionales como los médicos, las enfermeras o las personas que trabajen con radares.

El objetivo de esta revisión es "equilibrar la protección de la salud de los trabajadores con flexibilidad y proporcionalidad", de forma que no se obstaculice el desarrollo de las actividades industriales y médicas, según ha explicado el Ejecutivo comunitario en un comunicado.
La propuesta está destinada a actualizar la directiva de 2004, y en particular, tiene en cuenta las últimas pruebas científicas sobre la exposición de los trabajadores a los escáneres de resonancia magnética en los hospitales.
La normativa también incluye medidas destinadas a facilitar que los empleadores lleven a cabo las evaluaciones de riesgos previstas por la UE.
El comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor, ha afirmado que la propuesta "reducirá la carga para las pymes", y ha señalado que el texto se ha elaborado "después de una consulta abierta y transparente con las comunidades médica y científica".
El texto introduce un sistema de límite de exposición actualizado, reconociendo aquellas frecuencias que tienen efectos sobre el sistema cardiovascular y sobre el sistema nervioso central.
También obliga a los empleadores a ofrecer la información y la formación necesaria a los trabajadores que se vean expuestos a dichos campos.
Para el sector médico, donde está extendido el uso de los escáneres de resonancia, se propone la aplicación de medidas para limitar la exposición de los trabajadores a los mismos.
En el caso concreto de los trabajadores de mantenimiento de las líneas de alta tensión, la propuesta exige a los empleadores que tomen medidas para reducir los posibles riesgos, como incrementar la distancia de las líneas o limitar el tiempo de exposición.
Para ser aplicada en los estados miembros, la propuesta deberá contar con el respaldo de los Veintisiete y del Parlamento Europeo (PE).

martes, 15 de marzo de 2011

Los niveles de radiación actuales en Japón son similares a los que causa un TAC


Las emisiones radioactivas que se han generado tras las explosiones en la central nuclear de Fukushima (Japón) como consecuencia del maremoto que sacudió el noreste del país el 11 de marzo son por el momento "leves" y no suponen "daño humano", ya que los niveles de radiación son "similares" a los que produce una tomografía axial computarizada (TAC) de tórax o abdomen.
 
   Así lo ha asegurado el jefe del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Rafael Herranz, recordando por ello que "si no aumenta la dosis, no tiene por qué tener ningún efecto para la salud" de los ciudadanos.
   No obstante, este experto considera que las autoridades japonesas están actuando con rapidez a la hora de proteger a su población ya que, además de evacuar a los habitantes cercanos a la zona afectada, se han tomado las pertinentes medidas profilácticas, que incluyen la distribución de pastillas de yodo para protegerse de la radiactividad en caso de que ésta aumente.
   De este modo, el yodo se acumula en la glándula tiroidea e impide que el yodo radiactivo permanezca en el organismo, con el riesgo de cáncer que esto conlleva.
   En el caso de que la radiación aumente y haya ciudadanos que puedan haber resultado contaminadas, Herranz ha adelantado que el protocolo de actuación "está tipificado como accidente radiológico", y en función de la dosis de radiación recibida los efectos secundarios varían.
   Según marca el protocolo, estas personas son aglutinadas "en grandes superficies, generalmente polideportivos", donde se les practica "una maniobra de visión por grupos, según la contaminación recibida". De este modo, ha señalado, las personas que resulten contaminadas "rápidamente son aisladas".
   Las personas afectadas con una dosis superior a un sievert --igual a un julio por kilogramo-- pueden presentar lesión medular, que viene precedida de disminución en la producción de hematíes, leucocitos y plaquetas. Si la dosis recibida es superior a siete sieverts se producen también "cuadro digestivos, a nivel de intestino delgado".
   Además, ha explicado, si la dosis recibida es superior a los 20 sieverts se debe esperar en el paciente "la presencia de lesiones en el sistema nervioso central".  
   Por otro lado, Herranz ha destacado la manera en que las autoridades niponas han comunicado las explosiones y las consecuencias que están generando, considerando adecuada la actuación.
   Así, ha puesto como contrapunto el caso de Chernóbil, ya que según ha aclarado, en este caso se produjo "una radiofobia inmediata" que generó a su vez, dos componentes: cancerofobia y crisis de ansiedad generalizada en las mujeres embarazadas, ya que la falta de comunicación tras el accidente de Chernóbil provocó que se practicaran "más de 100.000 abortos que se consideraron innecesarios".

El impacto de las radiaciones nucleares en la salud

Las radiaciones nucleares pueden provocar enfermedades de gravedad diversa según el grado de exposición, como cataratas, hemorragias, cáncer o problemas cardiovasculares o inmunitarios. 

En fuertes dosis, existe una relación directa entre la cantidad de radiaciones recibidas y la patología inducida. Las radiaciones brutales, como las provocadas por la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, pueden generar enfermedades durante décadas.
Los efectos biológicos varían también según la naturaleza de las radiaciones y los órganos alcanzados (ovarios o testículos son considerados 20 veces más sensibles que la piel) para el cáncer, o según su vía de absorción (oral o cutánea) y la susceptibilidad individual (capacidad a reparar su ADN).
En Japón, nubes invisibles llevando elementos radiactivos (yodo, cesium) son lanzadas por la central nuclear dañada y se mueven en función de la meteoreología y los vientos.
Para la población, expuesta a una contaminación por tales emisiones radioactivas, el principal riesgo es el de desarrollar un cáncer (leucemia, pulmón, colon...) con "un riesgo proporcional a la dosis recibida", subrayó el profesor Patrick Gourmelon, director de la radioprotección humana en el Instituto francés de Radioprotección y Seguridad nuclear (IRSN).
En Japón, como medida preventiva se han repartido 200.000 dosis de yodo en los centros que acogen a los evacuados por el accidente nuclear en la central de Fukushima, al noreste de Tokio.
Las cápsulas de yodo, que por ahora no han sido administradas a la población, ayudan a saturar la tiroides y evitan así que esa glándula absorba yodo contaminado de radiactividad, si se produce un escape de ese elemento en la planta nuclear.
El cáncer de tiroides fue frecuente entre las personas que fueron expuestas a la radiación tras el accidente de Chernobyl, en Ucrania en 1986.
Las distribuciones de dosis de yodo buscan frenar el cáncer de tiroides, en particular entre la población joven (bebé, niños, adolescentes, mujeres grávidas y que están dando de mamar...).
En caso de que se haya inhalado cesium 137, el organismo toma alrededor de dos años para eliminarlo, pero persiste décadas en el ambiente, según el profesor Gourmelon.
"Actualmente, no hay medidas particulares que se deben tomar para los habitantes de Tokio", opinó el martes la hematóloga Agnès Buzyn, del IRSN, que desaconseja la administración prematura de pastillas de yodo, porque no sirve para nada.
La especialista estima que la zona de evacuación de 20/30 km establecida por las autoridades japonesas le parece "suficiente", pero no deja de señalar el "impacto a la vez en el ambiente y posiblemente para la salud de las personas" que viven cerca de la central nuclear.
"En las personas que recibieron dosis bajas de radiación, el riesgo de desarrollar cánceres (leucemia, pulmón, colon, esófago, mama...) aumenta, como lo demostró Hiroshima", señaló Gourmelon, indicando que "dosis bajas son menores de 100 millisieverts (mSv)".
En el sistema internacional de unidades la radiación se mide en sieverts (Sv).
Después de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la radiactividad causó la enfermedad y muerte a aproximadamente el 1% de las personas expuestas que sobrevivieron a las explosiones iniciales, recordaron los expertos.
"6O años tras las explosiones de bombas atómicas en Japon, hay todavía un ligero número de más cánceres entre las poblaciones irradiadas", indicó el experto Yves-Sébastien Cordoliani.
La cifra más alta de leucemias fue alcanzada siete años después de Hiroshima, indicó.

domingo, 13 de marzo de 2011

La radiación nuclear es invisible e inodora, pero devastadora para la salud

La radiación "ni se ve ni se huele, pero sus efectos son a largo plazo y dañarán la salud y el medio ambiente durante años", así describe las consecuencias del accidente nuclear ocurrido en una central japonesa, Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 

Rodríguez-Farré, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona, ha asegurado que colegas científicos ya han medido contaminantes como el yodo o el cesio en la radiación liberada en Fukushima, donde ya se ha producido la fusión parcial de dos de sus reactores ante la falta de refrigeración provocada por el terremoto y maremoto que han azotado el país.
"En el núcleo de un reactor nuclear existen más de 60 contaminantes radiactivos a partir de la fisión del uranio, unos de vida muy larga y otros de vida muy corta, pero casi todos tienen una gran afinidad con nuestro organismo y se acumulan en él, ya que son parecidos a nuestros elementos biológicos", explica el científico.
Rodríguez-Farré, uno de los mayores expertos internacionales en radiaciones nucleares y autor de estudios sobre las consecuencias de la catástrofe nuclear de Chernóbil, afirma que de entre esos 60 contaminantes, los que tendrían mayores consecuencias para la salud humana serían el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137).
"El yodo afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes, a partir de las cuales se puede desarrollar luego el cáncer de tiroides", sostiene el toxicólogo, quien recuerda que el accidente de Chernóbil multiplicó por diez los casos de cáncer de tiroides en Centroeuropa.
Por su parte, "el estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; mientras que el cesio queda depositado en los músculos".
Ambos contaminantes "aumentan el riesgo de todo tipo de cánceres, especialmente de huesos, músculos y tumores cerebrales, disminuyen la inmunidad del organismo y aumentan la capacidad de sufrir otras patologías".
Además, "la radiación altera la reproducción", ha recordado este médico, miembro del Comité Científico de "Nuevos riesgos para la salud" de la Unión Europea, y "afecta más a las mujeres que a los hombres".
La explicación estriba en que "los espermatozoides se regeneran totalmente cada 90 días y un espermatozoide alterado desaparece en ese periodo, pero los óvulos están en los ovarios toda la vida, y si un óvulo alterado por la radiación es fecundado posteriormente, habrá malformaciones en el feto, aunque sea años después".
Las consecuencias para el medio ambiente no son menores: "A largo plazo la contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, y se incorpora a la cadena trófica, de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales, de las plantas, la fruta, las verduras...".
Este proceso, argumenta el científico, "se va bioacumulando, es decir, va pasando de un ser vivo a otro y va empeorando", y un ejemplo de ello es el de los "miles de renos que hubo que sacrificar en el Ártico tras Chernóbil, porque estaban absolutamente contaminados a través de los líquenes que habían comido".
Respecto a las medidas a tomar para prevenirse de la contaminación radiactiva, Rodríguez-Farré señala que el contacto con la piel se puede eliminar lavándose con el mismo celo que tiene un cirujano cuando entra a un quirófano: limpiando y cepillando el cuerpo, el pelo y las uñas con detergente; y desechando la ropa.
Más complicado es luchar contra la principal vía de contacto con los contaminantes: "la inhalación", ante la cuál prácticamente sólo son efectivas pastillas de yodo como las que las autoridades japonesas están repartiendo a la población.
"El tiroides cuando está repleto de yodo elimina el que le sobra, así que si tú saturas de yodo normal el tiroides -con las citadas pastillas-, ayudas a que si inhalas yodo radiactivo lo elimines rápidamente", aclara.