Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de marzo de 2025

Veritas filia temporis / Fernando del Pino Calvo-Sotelo *

 La verdad es hija del tiempo. Cinco años después del comienzo del covid, el relato oficial se desmorona. El abrumador peso de la evidencia científica y la publicación de informes oficiales revisionistas que desmontan el relato político-mediático hegemónico desde 2020 ha provocado que algunos medios españoles hayan entonado un meritorio, aunque insuficiente mea culpa

Uno de ellos reconoce que «lo que eran fake news de algunos de aquellos etiquetados como negacionistas ahora está alineado con los hechos probados», y propone que, en adelante, «deberíamos escuchar otras voces, aunque no concuerden con la narrativa del Estado, de los medios, de los verificadores de información (…) ni con nuestra más arraigada ideología» (elocuente, esto último, ¿no?) [1].

En otros países ha ocurrido algo similar. Recientemente, uno de los periodistas del New York Times titulaba así su artículo: “Nos engañaron de mala manera”[2]. Otro arrepentido del británico The Times reconocía que ya no cree «que los confinamientos salvaran una sola vida, y de hecho posiblemente causaron la muerte de muchas personas». 

Tras pedir que la próxima vez «conservemos nuestro espíritu crítico y no menospreciemos como parias a aquellos que discrepan del relato oficialmente aprobado», termina con una reflexión: «Debemos recordar que cuanto mayor sea el consenso, más dudas debemos tener sobre el mismo»[3]. Amén.

En realidad, eran los políticos, la UE, los medios de comunicación, los payasos fact-checkers y parte del estamento médico, es decir, el contubernio político-mediático-farmacéutico, los negacionistas que propagaban bulos sin cesar.

El origen del Covid: un escape de laboratorio

El primer bulo del establishment fue el supuesto origen zoonótico del covid con aquel inventado pangolín que aún sobrevive en el bosque escapando de sus perseguidores, como Rambo. 

El sentido común nos hacía preguntarnos hace ya dos años cuál era la probabilidad a priori de que, de todos los lugares habitados del planeta, el virus emergiera precisamente en una ciudad donde existían laboratorios que estaban trabajando precisamente con ese tipo de coronavirus.

Hoy ninguna fuente seria cuestiona que la pandemia fue con toda probabilidad causada por un escape de un laboratorio biológico en Wuhan que las autoridades chinas y los EEUU ocultaron con la ayuda de la corrupta OMS mientras China exportaba el virus al resto del mundo. 

El interés de EEUU era doble: los científicos y las instituciones norteamericanas que habían financiado la investigación del coronavirus en Wuhan querían borrar sus huellas, y el Deep State quería debilitar la posibilidad de reelección de Trump, que defendía la teoría del escape biológico.

La verdad ―que fue censurada― era conocida o al menos sospechada desde 2020, pero fue ocultada al gran público. Los servicios de inteligencia alemanes otorgaron desde un principio una probabilidad de hasta el 95% de que el virus proviniera del laboratorio chino, pero la excanciller Merkel decidió mantener el informe en secreto[4].

 Del mismo modo, el exdirector del Mi6 presentó al gobierno británico un informe clasificado en el que declaraba que «no existe ninguna duda razonable de que el covid-19 ha sido diseñado en el Instituto de Virología de Wuhan», pero el establishment lo enterró[5].

Las controladísimas revistas médicas contribuyeron a tal ocultación, con una excepción. En 2021 el British Medical Journal publicó que «la supresión de la teoría de la fuga de laboratorio no se basa en ninguna evaluación clara de la ciencia», y que se había producido «a pesar de que no existen pruebas de la explicación alternativa, esto es, de la propagación natural de los animales a los seres humanos». 

El BMJ terminaba criticando que no se investigara el «verosímil» escape de laboratorio como origen del covid[6].

En 2022 el Senado norteamericano publicó un profuso informe científico llegando a las mismas conclusiones, que fueron corroboradas meses después por el director del FBI cuando reconoció que «muy probablemente» el origen del covid era artificial[7]

Finalmente, en noviembre de 2024 el Congreso de EEUU llegó a la misma conclusión con un relevante informe que cuestionó casi todas las medidas tomadas para combatir la pandemia[8].

A pesar de ello, algunos «expertos» continúan congelados en la versión oficial y asustan con la posibilidad de que recurra una epidemia de parecidas proporciones. Si ocurriera, sería la primera pandemia natural importante desde hace un siglo, pues el covid, repito, no fue una epidemia de origen natural, sino un accidente biológico causado por un escape de laboratorio. 

En otras palabras, el covid fue el Chernóbil de las armas biológicas.

¿Cuál es entonces la solución para que no se repita? No es, desde luego, empoderar a la OMS para crear una dictadura sanitaria, como pretende el globalismo, ni dar más poder a los gobiernos, ni más dinero a la corrupta industria farmacéutica, sino algo muy sencillo: prohibir la investigación de armas biológicas en todo el mundo y, en particular, la tecnología de ganancia de función que manipula genéticamente virus del mundo animal para aumentar su peligrosidad y que contagien a humanos, como hicieron con el covid[9].

Caraduras recalcitrantes

A pesar de todo, en España algunos de los responsables del mayor escándalo de salud pública de la Historia han aprovechado el quinto aniversario del comienzo de la pandemia para felicitarse a sí mismos con total desfachatez, lo cual denota la impunidad con la que han actuado (y delinquido): cinco años después, nadie ha sido despedido ni multado y nadie ha sido procesado (salvo los políticos comisionistas de las mascarillas). Naturalmente, nadie ha pisado la cárcel.

Este desfile conmemorativo de políticos caraduras y médicos pomposos que abusan de la autoridad de la bata blanca intenta blanquear un fraude de proporciones gigantescas. Como decía Peter C. Gøtzsche, profesor emérito de Medicina en Dinamarca y cofundador de Cochrane (en su día máxima referencia de evidencia médica), «el sector de la Sanidad es mucho más corrupto de lo que la gente piensa, y el dinero de la industria farmacéutica va a todas partes, a políticos, revistas médicas, periódicos, etc.»[10].

Ese etcétera es muy amplio, pues los viscosos tentáculos de las grandes empresas farmacéuticas alcanzan a miembros de Colegios Médicos en todo el mundo[11], a muchos médicos, directa o indirectamente[12], y a las agencias del medicamento, con sus puertas giratorias. 

Por ejemplo, Pfizer acaba de contratar a uno de los principales responsables de la FDA durante la pandemia[13].

El guion de la pandemia

La pandemia siguió un guion. En primer lugar, se aterrorizó a la población con la complicidad de los medios, que lanzaron una campaña de terror y culpabilización perfectamente diseñada para domesticar a la población. 

Para dicha campaña se contrató a agencias de publicidad especializadas[14] que lograron crear una verdadera histeria colectiva con el objeto de facilitar la aceptación de medidas arbitrarias, liberticidas, absurdas y completamente acientíficas.

 Los confinamientos, las distancias de seguridad, la limitación de comensales, el gel hidroalcohólico o las inútiles mascarillas no sirvieron para nada, salvo para beneficiar a unos pocos. Sí sirvieron, en cambio, para enfermar mentalmente a una parte de la ciudadanía.

Los ilegales y sádicos confinamientos fueron epidemiológicamente inútiles y perjudicaron nuestra salud mental y nuestro sistema inmunológico precisamente cuando más lo necesitábamos[15]

Por otro lado, las inútiles mascarillas[16], especialmente crueles con los niños en los colegios[17], no se impusieron para controlar el virus. Las mascarillas se impusieron para controlar a la población, y lo lograron.

Asimismo, para poder aprobar el uso de emergencia de las «vacunas», se torpedeó o silenció todo tratamiento prometedor cuya existencia habría impedido, por razones regulatorias, tan suculento negocio. 

Fue el caso, por ejemplo, de la vitamina D utilizada de forma preventiva[18] o en pacientes ya ingresados[19], la ivermectina[20], o la hidroxicloroquina, eficaz en tratamiento temprano[21], en combinación con azitromicina[22].

 Aunque reducía la mortalidad del covid, fue retirada el mercado[23].

Finalmente, tras negar contra toda evidencia la superior inmunidad natural de quienes ya habían pasado la enfermedad[24], se puso en marcha un programa de vacunación indiscriminada con vacunas y terapias genéticas que no cumplían ninguno de los tres requisitos exigidos para una vacuna (necesidad, eficacia y seguridad), pero sí cumplían el único requisito que importaba: el beneficio.

El escándalo de las «vacunas»

Las vacunas y terapias genéticas ARNm eran innecesarias para la inmensa mayoría de la población para la que el covid era una enfermedad leve[25], dato que se conocía desde 2020 pero que los medios ocultaron pertinazmente. Para los niños el covid era más leve que la gripe[26], a pesar de lo cual se les incluyó escandalosamente en el programa de vacunación.

Las vacunas también fueron ineficaces, pues no evitaban ni la transmisión ni la muerte. Un estudio realizado en Japón (uno entre varios[27]) afirma incluso que las vacunas covid tuvieron eficacia negativa, es decir, que los vacunados se contagiaban más que los no vacunados[28]

Además, la probabilidad de contagiarse aumentaba con cada dosis adicional, como había concluido un macro estudio de la Cleveland Clinic[29].

Nos dijeron que las vacunas protegían contra el contagio y la transmisión para justificar la persecución y apartheid de los no vacunados y el infame pasaporte covid. Era mentira, y, cuando fue patente que no impedían ni el contagio ni la transmisión, recularon cambiando el relato y afirmando que al menos sí protegían contra la gravedad y la muerte.

 También era falso: en marzo de 2022 el 84% de los muertos por covid en España estaba perfectamente vacunado, según datos del propio Ministerio de Sanidad[30]. Un estudio reciente confirma que «los datos estadísticos muestran que la mortalidad de los vacunados fue un 14,5 % superior a la de los no vacunados», por lo que la idea de que las vacunas covid salvaron vidas «contradice los datos estadísticos»[31].

Las vacunas también fueron inseguras, pues seguimos pagando sus efectos secundarios adversos, sobre todo isquémicos y cardiovasculares[32]: ictus, trombosis y trombocitopenia, embolia pulmonar, miocarditis, pericarditis, fibrilación atrial; pero también desórdenes menstruales, efectos oculares, dermatológicos, autoinmunes y neurológicos, como trombosis del seno venoso cerebral, parálisis facial de Bell, mielitis transversa aguda o cáncer[33].

 La escandalosa verdad es que con toda probabilidad las vacunas y terapias genéticas ARNm han provocado la muerte de muchas personas: autopsias realizadas sugieren una relación de causalidad[34].

Hoy, especialistas en Reino Unido[35] o autoridades sanitarias de algunos países[36] llaman a la suspensión de las vacunas ARNm contra el covid mientras el British Medical Journal exige investigar el exceso de mortalidad «sin precedentes» registrado en todo el mundo en 2021 y 2022 tras la difusión de dichas vacunas[37].

Los médicos nos fallaron

De forma imprudente y contra lo que defendía la evidencia científica, la inmensa mayoría de los médicos en España recomendaron a sus pacientes vacunarse aunque no pertenecieran a la población de riesgo o hubieran pasado la enfermedad. Eso sí, lo hicieron verbalmente, sin consentimiento informado, ni receta, ni firma.

La realidad es que, ante la enorme presión social y gremial y el mimetismo que plaga la profesión, muchos eligieron el camino cómodo escudándose en «los protocolos» del orwelliano Ministerio de Sanidad. ¿Cuántos han asumido alguna responsabilidad? ¿Y los Colegios Médicos, que persiguieron y amenazaron a los pocos médicos valientes que se negaron a aceptar el trágala?

Parece lógico, por tanto, que la credibilidad del gremio haya caído estrepitosamente: en EEUU la confianza en médicos y hospitales se ha derrumbado, pasando del 72% en 2020 al 40% en 2024[38]. También se ha producido una lógica disminución de la confianza de la población en las vacunas[39].

Un homenaje a los valientes

Tres cosas recuerdo con gran agradecimiento en este lustro de arduo combate contra la histeria colectiva y los negacionistas del contubernio político-mediático, que se negaban pertinazmente a ver lo que mostraban los datos estadísticos y la evidencia científica.

En primer lugar, la respuesta de mis amables lectores, que mantuvieron la cordura en medio de la locura colectiva demostrando una capacidad de resistencia, una firmeza y un valor poco comunes para defender su independencia de opinión y su salud física y mental (y la de los suyos).

En segundo lugar, el aliento de unos pocos médicos y expertos en inmunología que, en privado, me dieron un apoyo importantísimo para mí, fijándose en el mensaje y no en el mensajero, es decir, en la seriedad de mis fuentes y el rigor de mi análisis. 

Aunque la literatura médica sea uno de mis hobbies desde hace 20 años, pasaron por alto mi falta de credenciales, lo que tiene doble mérito (por tratarse de España y por tratarse de la profesión médica).

Pero, sobre todo, recuerdo con admiración el coraje de los pocos médicos que se opusieron públicamente a La Gran Mentira y pagaron un precio por ello. A fin de cuentas, yo sólo sufrí la censura de un artículo, lo que además resultó ser providencial. 

En efecto, mi decisión de no publicar más en un periódico que retiraba manu militari artículos maquetados sin explicación alguna me llevó a desarrollar este blog, en el que, para mi sorpresa, el artículo censurado tuvo cerca de 400.000 lecturas. 

Como dice el refrán, «dando gracias por agravios negocian los hombres sabios».

Esos médicos valientes, sin embargo, pagaron un elevado precio personal y profesional por defender la verdad y ser fieles a su juramento hipocrático: fueron injustamente estigmatizados, amenazados, perseguidos y condenados al ostracismo por los medios, por los opacos y siniestros Colegios de Médicos y por algunos de sus propios colegas. 

A ellos quiero rendir especial homenaje con este artículo.

Veritas filia temporis.

[1] La investigación que cambia la pandemia | Cataluña
[2] Opinion | We Were Badly Misled About Covid – The New York Times
[3] Next time perhaps we shouldn’t shout down the pandemic pariahs
[4] Angela Merkel ‘covered up German intel report blaming China for Covid’
[5] Labour minister ‘rubbished’ spy chief’s secret dossier on Wuhan lab leak theory during pandemic despite Boris demanding probe… to ‘avoid offending China’ | Daily Mail Online
[6] Covid 19: We need a full open independent investigation into its origins | The BMJ
[7] FBI director says China trying to thwart Covid origin probe
[8] 12.04.2024-SSCP-FINAL-REPORT.pdf
[9] Gain-of-function and origin of Covid19 – PMC
[10] Cochrane Founder Peter Gøtzsche: Healthcare is Much More Corrupt Than People Think – The Daily Sceptic
[11] Medical royal colleges receive millions from drug and medical devices companies | The BMJ
[12] Casi 92.000 médicos españoles reciben ‘detalles’ de las farmacéuticas: uno solo se llevó 146.397 euros – Infobae
[13] Pfizer names former FDA director as chief medical officer | Reuters
[14] The Most Devastating Report So Far ⋆ Brownstone Institute
[15] Frontiers | Impact of COVID-19, lockdowns and vaccination on immune responses in a HIV cohort in the Netherlands
[16] Intervenciones físicas para interrumpir o reducir la propagación de los virus respiratorios – Jefferson, T – 2023 | Cochrane Library
[17] Child mask mandates for COVID-19: a systematic review | Archives of Disease in Childhood
[18] Real world evidence of calcifediol or vitamin D prescription and mortality rate of COVID-19 in a retrospective cohort of hospitalized Andalusian patients | Scientific Reports
[19] “Effect of calcifediol treatment and best available therapy versus best available therapy on intensive care unit admission and mortality among patients hospitalized for COVID-19: A pilot randomized clinical study” – PMC
[20] Ivermectin reduces COVID-19 risk: real-time meta analysis of 105 studies (ivmmeta)
[21] Hydroxychloroquine is effective, and consistently so when provided early, for COVID-19: a systematic review – ScienceDirect
[22] Outcomes after early treatment with hydroxychloroquine and azithromycin: An analysis of a database of 30,423 COVID-19 patients – ScienceDirect
[23] Efficacy and safety of in-hospital treatment of Covid-19 infection with low-dose hydroxychloroquine and azithromycin in hospitalized patients: A retrospective controlled cohort study – ScienceDirect
[24] Past SARS-CoV-2 infection protection against re-infection: a systematic review and meta-analysis – The Lancet
[25] Age-stratified infection fatality rate of COVID-19 in the non-elderly informed from pre-vaccination national seroprevalence studies | medRxiv
[26] Great Barrington Declaration
[27] RACGP – July 2024 correspondence
[28] Behavioral and Health Outcomes of mRNA COVID-19 Vaccination: A Case-Control Study in Japanese Small and Medium-Sized Enterprises | Cureus
[29] Effectiveness of the 2023-2024 Formulation of the Coronavirus Disease 2019 mRNA Vaccine against the JN.1 Variant | medRxiv
[30] ¿Salvaron vidas las vacunas covid? – Fernando del Pino Calvo-Sotelo
[31] The discrepancy between the number of saved lives with COVID-19 vaccination and statistics of Our World Data
[32] El tabú – Fernando del Pino Calvo-Sotelo
[33] Innate immune suppression by SARS-CoV-2 mRNA vaccinations: The role of G-quadruplexes, exosomes, and MicroRNAs – ScienceDirect
[34] (PDF) A Systematic Review Of Autopsy Findings In Deaths After COVID-19 Vaccination
[35] Thousands of doctors sign petition to suspend COVID mRNA vaccines – an open letter to the GMC – Dr Aseem Malhotra
[36] Alberta’s ‘contrarian’ COVID-19 review task force releases final report | Calgary Herald
[37] Excess mortality across countries in the Western World since the COVID-19 pandemic: ‘Our World in Data’ estimates of January 2020 to December 2022 | BMJ Public Health
[38] Trust in Doctors and Hospitals Plummets ⋆ Brownstone Institute
[39] Rise of vaccine distrust – why more of us are questioning jabs

 

 (*) Economista

domingo, 19 de enero de 2025

Nota informativa a mis pacientes: una forma de enfermar jamás vista / Doctor Luis M. Benito *

Desde que se abrió la Clínica en Segovia en 2011, hemos ido informando a los pacientes de asuntos relacionados con la sanidad con el deseo de que sean de provecho para la salud de cada uno y de los familiares y amigos. 
 
Aunque hay muchos temas candentes en estos momentos en relación con el futuro de la sociedad y los sistemas sanitarios (ahora está a punto de resolverse la cuestión de MUFACE y demás funcionarios), hemos creído importante trasladaros esta información que deriva de la observación epidemiológica que venimos haciendo desde que comenzamos, y sobre todo, la que surge a raíz del año 2020 que nos marcó a todos por razón de una alerta sanitaria mundial.

 Los que conocéis mi trayectoria profesional, sabéis que desde 2019 compaginé la asistencia en la Clínica con actividad en el Hospital de El Escorial, donde estuve 40 meses atendiendo como médico especialista de Aparato Digestivo y como refuerzo de COVID hasta 2022. 

Durante ese periodo, por razón de la crisis, tuve ocasión de ponerme en contacto con más de 300 colegas sanitarios de toda España para tener datos de la afectación y manejo que se hacía del problema sanitario en diferentes puntos de España. 

Las medidas que se implementaron fueron muy variadas en las diferentes regiones y en ocasiones de instauración lenta o inapropiada, sin una motivación científica clara, como ya se ha ido poniendo de manifiesto. 

La ausencia de voces expertas en el manejo de situaciones clínicas propició que se trasladase a la población una serie de medidas que el tiempo ha demostrado que eran innecesarias y a consecuencia de las cuales la salud de los españoles está experimentando cambios importantes y no precisamente a mejor, como muestran los datos epidemiológicos de mortalidad y morbilidad. 

Por ello, se me hace duro pero necesario trasladaros estas reflexiones para que cada cual las pondere e integre dentro de su ámbito familiar y tome las medidas que considere oportunas de cara a velar por su salud.

Lo que voy a contar a continuación puede ser controvertido, hasta el punto de que haya personas que no estén de acuerdo, pero como médico me veo en la obligación ética de advertir a mis pacientes de los datos que vamos recabando y de la deriva que está tomando la sanidad. 

Parto de la base, bien fundamentada porque es lo que se enseña desde siempre en la carrera de medicina, de que ninguna medicación es apta para todo el mundo y que todos los fármacos que empleamos tienen sus efectos secundarios, por lo que a la hora de prescribir un tratamiento debemos considerar bien si está indicado o no y de los efectos secundarios que se puedan derivar, sin olvidar que en medicina la principal contraindicación es la falta de indicación.

En resumen, hace ahora cuatro años comenzó a administrarse a la población española una medicación inyectable de manera indiscriminada. Indiscriminada hace referencia precisamente a eso que acabamos de apuntar: que no hubo por medio ningún criterio médico sino que se determinó que era «para todo el mundo». 

De inicio se planteó como voluntaria aunque en algunos momentos y en algunas regiones se presionó a la población reticente para que también se pusiesen esos productos, apelando a razones tan peregrinas como «proteger a otros» o «por solidaridad». 

El tiempo ha ido mostrando que ni eran tan eficaces como decían las autoridades sanitarias ni tan inocuas. Y, por supuesto, como sosteníamos desde el principio, ni necesarias por más que los medios de comunicación insistiesen en ello. Fruto de esa presión mediática, ajena por completo a razones médicas científicas, mucha gente se inyectó diferentes productos sin conocer muy bien ni lo que se ponía ni el alcance o repercusión de esa medida.  

Ahora con el paso del tiempo y los datos epidemiológicos estamos comprobando que esas medidas están pasando factura a la salud de las personas, de manera que en todos los ámbitos, en todas las especialidades médicas se está registrando un aumento de casos de patologías derivadas de alteraciones de la coagulación y de la inmunidad que no pueden ocultarse ni en los titulares de la prensa, pero que se intenta derivar la causa de ese brutal incremento a razones tan espurias como el cambio climático, la ingesta de huevos o la siesta.

En los foros médicos cada vez estamos más convencidos de que nos encontramos ante una nueva forma de enfermar que no habíamos visto jamás. Las cifras de mortalidad se han incrementado (consulte el INE) hasta cifras nunca antes alcanzada en este país, con incremento de mortalidad alarmante en edades jóvenes e incluso en niños. 

Sin necesidad de acudir a los titulares y noticias, todos tenemos alrededor conocidos y familiares afectados por problemas de arritmias, trombosis, ictus, infartos, infecciones de repetición, tumores de desarrollo ultrarrápido, reactivación de tumores o de procesos autoinmunes que parecían controlados… Y en gran medida todo esto guarda relación con la conducta previa que hemos desarrollado en los cuatro años anteriores. Globalmente, nuestra salud no ha mejorado en absoluto sino más bien al contrario.

Cada especialidad médica está registrando sus «rarezas», esos incrementos de patología inexplicable y desde el punto de vista de Aparato Digestivo, en lo que me atañe, debo exponer algunos puntos:

1.- «Como y me hincho. Incluso me hincho sin comer». Hay un gran aumento de pacientes que acuden por este problema con la etiqueta de alergias alimentarias o SIBO (síndrome de sobrecrecimiento bacteriano). Teniendo en cuenta que no sabemos cuál es la flora bacteriana intestinal normal (acaso porque hay muchos patrones), hablar de «sobrecrecimiento» o «desequilibrio» es una petición de principio. Pero teniendo en cuenta que los billones de bacterias que llevamos encima tienen interacción con el sistema inmune, y éste anda tocado, hay que tener cautela con los diagnósticos simplistas.

2.- Estando el sistema inmunológico afectado (una vacuna, stricto sensu, no es otra cosa que un modulador del sistema inmune, en principio «para bien»), viendo que las infecciones son más recalcitrantes, no se acaban de ir o vuelven enseguida, no estamos como para concluir que nuestro sistema inmune sea más eficaz ante los gérmenes que antes de prodigar tanta vacuna. Las gripes y catarros intestinales parecen vinculados a cambios importantes en nuestro sistema de defensa, más que a la aparición de gérmenes más agresivos o resistentes como suelen mostrar los medios de comunicación para desviar la atención hacia otra causa.

3.- El deterioro del sistema inmune lleva consigo una peor eficacia de la detección precoz de tumores. Independientemente de que algunos de los productos inoculados contienen elementos promotores del cáncer (está reconocido ya por la ciencia), unido a un sistema inmune debilitado, surgen tumores» turbo» así llamados por su rápido desarrollo o en edades atípicas, habiendo registrado un notable incremento de neoplasias hematológicas, de páncreas y del tubo digestivo. Esto ha llevado a la recomendación de reducción en los tiempos de revisión de manera que los pacientes que seguían programa de detección precoz de cáncer de colon o gástrico por endoscopia digestiva, por término general deben adelantar un año el plazo de revisión que se les dio, ya que la progresión tumoral parece que se desarrolla más deprisa.

El deterioro vascular con aumento de patología trombótica, ha disparado el consumo de medicamentos anticoagulantes y cada vez más gente necesita bastones o andadores para moverse. La saludable práctica del deporte también se ha visto afectada y muchos deportistas han modificado a la baja el rendimiento y rehúsan llevar el corazón a la frecuencia máxima por temor a desencadenar una arritmia maligna. 

Se ha incrementado el número de pacientes con cansancios inexplicables que afectan emocionalmente, llevando a la depresión y al suicidio porque en muchos casos no encuentran en la medicina respuesta a estas nuevas formas de enfermar. Se hace imprescindible que  los médicos aprendamos de manera acelerada a afrontar los cambios que está experimentando la salud de los pacientes a raíz de la inoculación de estos productos. Y no es sencillo.

Cuatro años aún es un plazo muy pequeño para poder evaluar la magnitud de los efectos secundarios de estos productos, pero ya las farmacéuticas que los produjeron han reconocido docenas de efectos secundarios severos, mortalidad asociada y presencia en los viales de sustancias promotoras de cáncer. 

Los daños derivados de estas medidas no han hecho más que empezar. Mi deber ético era informarle de esto. Y lo dejo por escrito para que sea sometido a cualquier tipo de valoración o crítica por cualquier autoridad que se vea aludida. Pero las responsabilidades que se derivan de este desastre no pueden eludirse. En tiempos de crisis, tu mejor activo eres tú mismo: cuídate.

 

 (*) Luis Miguel Benito de Benito, médico especialista de Aparato Digestivo desde 2000 y Doctor en Biología Celular. Licenciado en Filosofía. Máster en Dirección Médica y Gestión Clínica por el Instituto de Salud Carlos III y Experto Universitario en Derecho Sanitario y Ciencias Forenses por la UNED. Facultativo Especialista de Área del Hospital Universitario de El Escorial y Director Médico de la Clínica Dr. Benito de Benito desde 2011. Autor del libro "Coronavirus. Tras la vacuna" ISBN 978-84-9946-745-0 

 

https://ntvespana.com/16/01/2025/nota-informativa-a-mis-pacientes-una-forma-de-enfermar-jamas-vista-por-doctor-luis-m-benito-de-benito/ 

jueves, 26 de diciembre de 2024

El demoledor informe de EEUU sobre las decisiones equivocadas de la pandemia / José Carlos Rodríguez *


Bajo el techo del Capitolio, como parte de la actividad ordinaria de la Cámara de Representantes, se ha realizado durante casi dos años un incesante trabajo de investigación sobre la pandemia creada por el Covid-19. La labor del subcomité sobre la pandemia del coronavirus comenzó el noveno día de 2023, y el 2 de diciembre de este año concluía con la publicación de un informe de más de medio millar de páginas.

Median entre una y otra fecha más de un centenar de escritos de investigación, más de una treintena de entrevistas y declaraciones, y el resultado de 25 sesiones celebradas en la sede de la Cámara. Los redactores del informe han revisado más de un millón de páginas de documentos. 

Los redactores del informe dicen que constituye «la investigación más profunda de la pandemia que se ha realizado hasta el momento». Lo cierto es que, incluso echando agua a la enésima declaración triunfalista de los políticos, podemos estar de acuerdo en que es así. El subcomité está conducido por representantes de los dos partidos, que es como se hacen allí las cosas.

A diferencia de España, los Estados Unidos tienen un Parlamento, y no un teatro con guiñoles manejados por los líderes de los partidos. Aquello es una democracia. El informe reparte estopa a diestro y siniestro. Al Gobierno federal de los Estados Unidos, que financió durante años el famoso laboratorio de Wuhan. A la Administración Trump, por no proteger a los trabajadores. Al propio Congreso, por aprobar medidas sin respaldo científico, o siquiera basado en una recta razón. A Joe Biden. Todos quedan retratados. 

Las conclusiones del informe le hacen a uno moverse en la silla. No son reconfortantes. No son amables tampoco con nosotros, con la mayoría de la población; ni allí, ni aquí. Especialmente con los de aquí. 

El origen de la pandemia es político. No fue un capricho de la naturaleza, sino un capricho de un laboratorio operado por dos poderosos Estados, los de China y los Estados Unidos. El virus es artificial. Por él, murieron millones de personas. Que el negocio de la política es la muerte, ya lo sabíamos. Lo volvemos a comprobar. Debemos pensar que el virus se escapó. Que si logró arruinar la reelección de Trump, fue como una consecuencia no buscada. Que la torpeza es condición eterna del hombre, y que la suerte no siempre nos acompaña. 

Otro de los hallazgos del informe es que la medida del distanciamiento social, tal como reconoció el doctor Fauci, «simplemente apareció» entre sus conversaciones, sin otro respaldo científico fuera de un «¿y por qué no?». La distancia social entorpeció el ritmo de nuestras interacciones, que son la base de la sociedad, y fue parte de la justificación detrás de los confinamientos. 

El gobierno nos estabuló. ¿Qué mejor distancia que la que media entre la casa de uno y la de los demás? Todo a lo que se le añade el adjetivo «social» conduce a la muerte, y así pasó con la distancia interpersonal. El informe también revela que nunca hubo una justificación científica para encerrarnos en casa. Fue otra decisión política arbitraria. 

En marzo de 2020 avisé de que los encierros iban a costar muchas vidas, y cuatro años y medio después sabemos que, efectivamente, es así. Los confinamientos tuvieron un enorme coste en términos de salud pública. Por supuesto, detener el normal funcionamiento de nuestra sociedad ha tenido un coste económico apabullante, que también es un coste en el cómputo de muertes; otra de las conclusiones del informe. 

Nunca hubo una base científica detrás de la decisión de taparnos la boca con mascarillas, nos dice el informe. La verdad, ya lo sabe el lector, es que todas las evidencias apuntan en el sentido contrario: no sirven para nada, a no ser que seas Koldo, Ábalos, u algún otro amigo de Pedro Sánchez.

Las vacunas contra el Covid no evitaban la transmisión del virus. Su aprobación fue arbitraria, y las medidas adoptadas para hacerlas obligatorias, no tenían más ciencia que la de ejercer un poder absoluto sobre nuestros cuerpos. 

España se destacó por asumir la política china de encierros masivos y prolongados. Las consecuencias para nuestra salud y nuestra economía fueron desastrosas. Pero lo peor no son las consecuencias, sino el carácter totalitario de los encierros. El gobierno, simplemente, cercenó nuestra libertad de forma generalizada. Y nosotros, nos dejamos pisotear.

Más allá de las conclusiones del informe, creo que podemos asumir otras conclusiones no menos perturbadoras. La primera es que los gobiernos nos mintieron. También la Organización Mundial de la Salud, que según el informe se plegó a las presiones de China al hacer sus recomendaciones. 

Y no sólo nos mintieron los gobiernos. Siempre lo hacen. Nos mintieron los medios de comunicación. No todos, pero sí la mayoría. Actuaron como correa de transmisión del poder. Por suerte, la sociedad está aprendiendo a desconfiar de muchos de esos medios de comunicación, pero no lo suficientemente rápido. 

De la mano de la supuesta lucha contra la pandemia, gobiernos y organismos públicos, siempre con el apoyo de una parte de la prensa, censuraron todos los mensajes críticos con el discurso oficial sobre el origen de la pandemia y las políticas adoptadas para detenerla. A quienes mostraban una actitud científica, o al menos escéptica, se les llamó «negacionistas» y «conspiranoicos». Los mismos gobiernos que actuaban contra la sociedad al margen de lo que dijera la ciencia. 

Y nosotros. El lector probablemente haya sido un pardillo dando por buenas muchas de las mentiras que nos han dicho en este tiempo. Yo he sido uno de ellos. Bien, nunca comulgué con las ruedas de molino de los confinamientos o las mascarillas, pero ¿cómo iban a mentirnos sobre las vacunas? Pues lo hicieron.

El mismo comité científico que le informó al Gobierno de Sánchez sobre los confinamientos, ¿se acuerdan? Ese comité fantasma, es el que ha guiado la política en otros gobiernos. Espero que si hay otra pandemia de origen político, la sociedad reaccione ignorando a los gobernantes.

 

 (*) Periodista español

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Los «negacionistas» teníamos razón / José Javier Esparza *




Entiendo muy bien que a tanta gente le resulte enojoso hablar de esto. Al fin y al cabo, a nadie le gusta aceptar que ha sido engañado, manipulado, sometido, avasallado. Como se nos engañó, manipuló, sometió y avasalló durante la pandemia del Covid-19. 

Pero fue tan serio el daño que hizo el poder en aquellos días, fue tan salvaje el desafío a la racionalidad y tan impune el pisoteo de nuestras libertades más elementales, que me parece de pura justicia subrayar que los rebeldes de aquella hora teníamos razón. 

Nos llamaron de todo, nos insultaron, nos vejaron, quisieron quitarnos la voz e incluso pusieron a la guardia civil a “monitorizarnos”. Pero al final, sí, teníamos razón. 

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos (equivalente a nuestro Congreso, pero en serio) ha publicado el informe de la comisión para la pandemia del Coronavirus.

Quinientas páginas que recogen dos años de investigación sobre todos los aspectos del asunto. Por resumirlo en una frase simple, podemos sintetizar su contenido así: todas las críticas y sospechas descalificadas por el poder y los medios como «negacionistas» estaban sobradamente fundadas. Muy sumariamente, lo que ese informe dice es, entre otras cosas, lo siguiente: 

1. No fue un pangolín. El virus nació en un laboratorio de Wuhan, China, seguramente dentro de los experimentos de «ganancia de función» (es decir, crear artificialmente virus más peligrosos que los naturales) alentados por la industria farmacéutica transnacional, norteamericana en primer lugar. 

2. Ni las mascarillas ni la «distancia social» respondían a criterios científicos reales. Nunca hubo razón científica objetiva para el cierre masivo de empresas, escuelas, etc. 

3. El confinamiento domiciliario fue una auténtica calamidad que provocó enormes daños físicos y psíquicos, especialmente a los más jóvenes. 

4. La llamada «vacuna» nunca sirvió realmente para detener la propagación ni la transmisión del virus: fue una decisión política que se saltó a la torera las precauciones médicas más elementales sobre efectos secundarios. 

5. Las autoridades mintieron, manipularon, desinformaron a sabiendas y emplearon métodos estrictamente antidemocráticos e inconstitucionales, lo mismo en los Estados Unidos que en el resto de Occidente. 

6. La gestión de la pandemia fue un pozo de opacidad, corrupción, estafas y abusos (en todas partes han cocido habas, por lo que se ve). 

7. La respuesta de la Organización Mundial de la Salud fue un fracaso rotundo. La Cámara avanza que los EEUU no firmarán el Tratado internacional de Pandemias de la OMS (nuestro Gobierno, naturalmente, ya ha anunciado que sí lo rubricará).

En España muy pocos medios institucionales (públicos o «concertados») se han hecho eco ni de los trabajos de la comisión ni de este informe. No es extraño, porque todos esos medios recibieron jugosas subvenciones para convencernos de que «salimos más fuertes», en una de las más bochornosas operaciones de compra de voluntades que uno puede recordar. 

Todos ellos repitieron como máquinas sin cerebro las consignas del Gobierno. Ponían los ojos en blanco pronunciando la palabra mágica, «Ciencia», aun a sabiendas de que estaban engañando a todo el mundo. Mintieron entonces y seguirán mintiendo ahora. 

Una nota personal: en El Toro TV decidimos desde el primer instante atenernos a la racionalidad más estricta y, en consecuencia, poner un filtro lógico a las cosas que nos decía el poder político, mediático y sanitario. 

Por eso optamos por cuestionar el uso de la mascarilla, la necesidad de la distancia social, la conveniencia de cerrar la actividad económica y, después, la obligatoriedad de unas vacunas que nunca fueron tales. 

Nos la jugamos, ciertamente: sometiendo una y otra vez a examen nuestra posición, preguntándonos constantemente si estábamos en la postura correcta o no, buscando información sin prejuicios que nos permitiera entender lo que de verdad estaba pasando. 

Eso nos llevó, por ejemplo, a enfrentarnos a reputados científicos que ahora, después del informe de la Cámara norteamericana, deberían esconderse bajo tierra y no asomar la cabeza hasta el Día del Juicio, porque han quedado como unos auténticos estafadores de conciencias, meros siervos de intereses inconfesables.

Y ahora, la próxima vez que venga una pandemia —y ya está diciendo la OMS que vendrá—, habrá que recordar todo esto para que no nos vuelvan a pisotear. Porque, sí, los negacionistas teníamos razón.

 

(*) Periodista, escritor e historiador español

lunes, 14 de octubre de 2024

Cómo acertaron los «no vacunados» / Robin Koerner *


Scott Adams es el creador de la famosa tira cómica Dilbert. Es una tira cuya brillantez deriva de la observación minuciosa y la comprensión del comportamiento humano. Hace algún tiempo, Scott volcó esas habilidades en comentar con perspicacia y notable humildad intelectual la política y la cultura de nuestro país.

Como muchos otros comentaristas, y basándose en su propio análisis de las pruebas de que disponía, optó por ponerse la «vacuna» contra COVID.

Recientemente, sin embargo, publicó un video sobre el tema que ha circulado por las redes sociales. Era un mea culpa en el que declaraba: «Los no vacunados fueron los ganadores» y, para su gran crédito, «Quiero averiguar cómo tantos [de mis espectadores] acertaron con la ‘vacuna’ y yo no».

Lo de «ganadores» quizá fuera un poco irónico: parece que se refiere a que los «no vacunados» no tienen que preocuparse por las consecuencias a largo plazo de tener la «vacuna» en sus cuerpos, ya que han aparecido suficientes datos sobre la falta de seguridad de las «vacunas» como para demostrar que, sopesando los riesgos, la elección de no ser «vacunado» ha sido reivindicada para las personas sin comorbilidades.

Lo que sigue es una respuesta personal a Scott, en la que se explica cómo la consideración de la información disponible en aquel momento llevó a una persona —yo— a rechazar la «vacuna». 

No pretende implicar que todos los que aceptaron la «vacuna» tomaran la decisión equivocada ni, de hecho, que todos los que la rechazaron lo hicieran por buenas razones.

1. Algunas personas han dicho que la «vacuna» se creó con prisas. Esto puede ser cierto o no. Gran parte de la investigación sobre «vacunas» de ARNm ya se había llevado a cabo durante muchos años, y los corona-virus como clase son bien conocidos, por lo que era al menos factible que solo una pequeña fracción del desarrollo de la «vacuna» se hubiera precipitado. El punto mucho más importante es que la «vacuna» se lanzó sin pruebas a largo plazo.

Por lo tanto, se aplicaba una de dos condiciones. O bien no se podía hacer ninguna afirmación fiable sobre la seguridad a largo plazo de la «vacuna», o bien existía algún argumento científico asombroso para tener una certeza teórica única en la vida sobre la seguridad a largo plazo de esta «vacuna». Esto último sería tan extraordinario que podría (por lo que sé) ser incluso una primicia en la historia de la medicina. Si así fuera, los científicos solo hablarían de eso, pero no fue así.

Por lo tanto, se obtuvo el estado de cosas más obvio, el primero: no se podía afirmar nada con confianza sobre la seguridad a largo plazo de la «vacuna». Dado, pues, que la seguridad a largo plazo de la «vacuna» era un juego de azar teórico, el riesgo incuantificable a largo plazo de tomarla solo podía justificarse por un riesgo seguro extremadamente alto de no tomarla.

En consecuencia, solo se podía argumentar moral y científicamente a favor de su uso por parte de las personas con alto riesgo de enfermedad grave si se exponían al COVID. Incluso los primeros datos mostraron inmediatamente que yo (y la inmensa mayoría de la población) no pertenecía a ese grupo. La insistencia continuada en extender la «vacuna» a toda la población cuando los datos revelaban que las personas sin comorbilidades corrían un riesgo bajo de enfermedad grave o muerte por COVID era, por tanto, inmoral y acientífica a primera vista.

El argumento de que la reducción de la transmisión de los no vulnerables a los vulnerables como resultado de la «vacunación» masiva solo podría sostenerse si se hubiera establecido la seguridad a largo plazo de la «vacuna», cosa que no se ha hecho. Dada la falta de pruebas de la seguridad a largo plazo, la política de «vacunación» masiva ponía claramente en peligro vidas jóvenes o sanas para salvar vidas viejas y enfermas.

Los responsables políticos ni siquiera lo reconocieron, ni expresaron preocupación alguna por la grave responsabilidad que estaban asumiendo por poner en peligro a las personas a sabiendas, ni indicaron cómo habían sopesado los riesgos antes de llegar a sus posiciones políticas. 

En conjunto, era una razón de peso para no confiar en la política ni en las personas que la establecían. Como mínimo, si la apuesta por la salud y la vida de las personas que representa la política de «vacunación» coercitiva se hubiera tomado tras un análisis adecuado de costes y beneficios, esa decisión habría sido una decisión difícil de tomar.

Cualquier presentación honesta de la misma habría implicado el lenguaje equívoco del equilibrio de riesgos y la disponibilidad pública de información sobre cómo se sopesaron los riesgos y se tomó la decisión. 

De hecho, el lenguaje de los responsables políticos fue deshonestamente inequívoco y el consejo que ofrecieron sugería que no había riesgo alguno de tomar la «vacuna». Este consejo era sencillamente falso —o, si se prefiere, engañoso— según la evidencia de la época, en la medida en que carecía de matices.

2. Los datos que no apoyaban las políticas de COVID fueron suprimidos de forma activa y masiva. Esto elevó el listón de las pruebas suficientes para tener la certeza de que la «vacuna» era segura y eficaz. Según lo anterior, el listón no se cumplió.

3. Análisis sencillos incluso de los primeros datos disponibles mostraron que la clase dirigente estaba dispuesta a hacer mucho más daño en términos de derechos humanos y gasto de recursos públicos para prevenir una muerte por COVID que cualquier otro tipo de muerte. ¿Por qué esta desproporcionalidad?

Era necesaria una explicación de esta reacción exagerada. La conjetura más amable sobre lo que la impulsaba era «el viejo y honesto pánico». Pero si una política está impulsada por el pánico, el listón para seguirla sube aún más. Una suposición menos amable es que había razones no declaradas para la política, en cuyo caso, obviamente, no se podía confiar en la «vacuna».

4. El miedo había generado claramente un pánico sanitario y un pánico moral, o psicosis de formación masiva. Eso puso en juego muchos sesgos cognitivos muy fuertes y tendencias humanas naturales contra la racionalidad y la proporcionalidad.

Las pruebas de esos prejuicios estaban por todas partes: la ruptura de relaciones estrechas de parentesco, el maltrato de personas por parte de otras que solían ser perfectamente decentes, la voluntad de los padres de causar daños en el desarrollo de sus hijos, los llamamientos a la violación de derechos a gran escala realizados por un gran número de ciudadanos de países anteriormente libres sin ninguna preocupación aparente por las terribles implicaciones de esos llamados, y el cumplimiento sincero, incluso ansioso, de políticas que deberían haber provocado la risa de individuos psicológicamente sanos (incluso si hubieran sido necesarias o simplemente útiles).

En las garras de tal pánico o psicosis de formación masiva, el listón probatorio para afirmaciones extremas (como la seguridad y necesidad moral de inyectarse uno mismo una forma de terapia génica que no ha sido sometida a pruebas a largo plazo) se eleva aún más.

5. A las empresas responsables de la fabricación y, en última instancia, de los beneficios de la «vacunación» se les concedió inmunidad legal. ¿Por qué haría eso un gobierno si realmente creyera que la «vacuna» es segura y quisiera infundir confianza en ella? Y ¿por qué iba yo a poner en mi cuerpo algo que el gobierno ha decidido que puede perjudicarme sin que yo tenga ningún recurso legal?

6. Si los escépticos de la «vacuna» estuvieran equivocados, seguiría habiendo dos buenas razones para no suprimir sus datos u opiniones. En primer lugar, somos una democracia liberal que valora la libertad de expresión como un derecho fundamental y, en segundo lugar, se podría demostrar que sus datos y argumentos son falaces. El hecho de que el poder decidiera violar nuestros valores fundamentales y suprimir el debate invita a preguntarse «¿Por qué?».

La respuesta no fue satisfactoria más allá de: «Es más fácil para ellos imponer sus mandatos en un mundo en el que la gente no disiente», pero ese es un argumento en contra del cumplimiento, más que a favor. Suprimir información a priori sugiere que la información tiene fuerza persuasiva.

Desconfío de quien desconfía de mí para determinar qué información y qué argumentos son buenos y cuáles son malos cuando lo que está en juego es mi salud —especialmente cuando las personas que promueven la censura actúan hipócritamente en contra de sus creencias declaradas en el consentimiento informado y la autonomía corporal.

7. La prueba PCR [reacción en cadena de la polimerasa] se presentó como la prueba de diagnóstico «de referencia» para el COVID. Basta con leer un momento cómo funciona la prueba PCR para darse cuenta de que no es tal cosa. Su uso con fines diagnósticos es más un arte que una ciencia, por decirlo amablemente.

Kary Mullis, que en 1993 ganó el Premio Nobel de Química por inventar la técnica del PCR, arriesgó su carrera al decirlo cuando se intentó utilizar como prueba diagnóstica del VIH para justificar un programa masivo de administración de fármacos antirretrovirales experimentales a los primeros pacientes de sida, que acabó matando a decenas de miles de personas. 

Esto plantea la pregunta: «¿Cómo manejan la incertidumbre en torno a los diagnósticos basados en la PCR las personas que están generando los datos que veíamos en las noticias cada noche y que se estaban utilizando para justificar la política de «vacunación» masiva?».

Si no tienes una respuesta satisfactoria a esta pregunta, tu listón para asumir el riesgo de la «vacunación» debería volver a subir. (A título personal, para obtener la respuesta antes de tomar mi decisión sobre si someterme a la «vacunación», envié exactamente esta pregunta, a través de un amigo, a un epidemiólogo de la Johns Hopkins.

Ese epidemiólogo, que participó personalmente en la generación de los datos actualizados sobre la propagación de la pandemia a escala mundial, se limitó a responder que trabaja con los datos que le dan y no cuestiona su exactitud ni los medios de generación. En otras palabras, la respuesta a la pandemia se basó en gran medida en datos generados por procesos que los generadores de esos datos no comprendían o ni siquiera cuestionaban).

8. Para generalizar el último punto, debe descartarse una afirmación supuestamente concluyente de alguien que demostrablemente no puede justificar su afirmación. En el caso de la pandemia de COVID, casi todas las personas que actuaron como si la «vacuna» fuera segura y eficaz no tenían ninguna prueba física o informativa de las afirmaciones de seguridad y eficacia más allá de la supuesta autoridad de otras personas que las hicieron.

Esto incluye a muchos profesionales de la medicina, un problema que estaba siendo planteado por algunos de ellos (que, en muchos casos, fueron censurados en las redes sociales e incluso perdieron sus trabajos o licencias).

 Cualquiera podía leer la infografía de los CDC [Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades] sobre las «vacunas» de ARNm y, sin ser científico, generar preguntas obvias del tipo «Pero, ¿y si…?» que se podían hacer a los expertos para comprobar por sí mismos si los impulsores de las «vacunas» responderían personalmente de su seguridad.

Por ejemplo, los CDC publicaron una infografía que decía lo siguiente: «¿Cómo funciona la vacuna? El ARNm de la vacuna enseña a las células a hacer copias de la proteína de espiga. Si más tarde te expones al virus real, tu cuerpo lo reconocerá y sabrá cómo combatirlo. Después de que el ARNm entrega las instrucciones, tus células lo descomponen y se deshacen de él».

Muy bien. Aquí hay algunas preguntas obvias que hacer, entonces: «¿Qué ocurre si las instrucciones entregadas a las células para generar la proteína de espiga no se eliminan del cuerpo como estaba previsto? ¿Cómo podemos estar seguros de que nunca se producirá una situación así?». Si alguien no puede responder a esas preguntas, y está en una posición de autoridad política o médica, entonces se muestra dispuesto a impulsar políticas potencialmente dañinas sin considerar los riesgos que implican.

9. Teniendo en cuenta todo lo anterior, una persona seria al menos tenía que estar atenta a los datos publicados sobre seguridad y eficacia a medida que avanzaba la pandemia. El «Estudio de seguridad y eficacia de seis meses» de Pfizer fue notable. El gran número de sus autores era notable y su afirmación resumida era que la vacuna probada era eficaz y segura. Los datos del documento mostraban más muertes por cabeza en el grupo «vacunado» que en el grupo «no vacunado».

Aunque esta diferencia no establece estadísticamente que la inyección sea peligrosa o ineficaz, los datos generados eran claramente compatibles con (digámoslo amablemente) la seguridad incompleta de la «vacuna» —en desacuerdo con el resumen de portada. (Es casi como si incluso los científicos y clínicos profesionales mostraran sesgos y razonamientos motivados cuando su trabajo se politiza).

Como mínimo, un lector lego podría ver que las «conclusiones resumidas» estiraban, o al menos mostraban una notable falta de curiosidad por los datos —especialmente teniendo en cuenta lo que estaba en juego y la impresionante responsabilidad de conseguir que alguien pusiera algo no probado dentro de su cuerpo.

10. Con el paso del tiempo, quedó muy claro que algunas de las afirmaciones informativas que se habían hecho para convencer a la gente de que se «vacunara», especialmente por parte de políticos y comentaristas de los medios de comunicación, eran falsas. 

Si esas políticas hubieran estado realmente justificadas por los «hechos» alegados anteriormente, entonces la determinación de la falsedad de esos «hechos» debería haber dado lugar a un cambio de política o, como mínimo, a expresiones de aclaración y arrepentimiento por parte de las personas que anteriormente habían hecho esas afirmaciones incorrectas pero fundamentales.

Las normas morales y científicas básicas exigen que las personas hagan constar claramente las rectificaciones y retractaciones necesarias de declaraciones que puedan influir en decisiones que afectan a la salud. Si no lo hacen, no se debería confiar en ellos, especialmente dadas las enormes consecuencias potenciales de sus errores informativos para una población cada vez más «vacunada». Sin embargo, eso nunca ha ocurrido.

Si los promotores de la «vacuna» hubieran actuado de buena fe, entonces, tras la publicación de nuevos datos a lo largo de la pandemia, habríamos escuchado (y quizás incluso aceptado) múltiples mea culpa. No hemos oído nada parecido por parte de los responsables políticos, lo que revela una falta casi generalizada de integridad, seriedad moral o preocupación por la exactitud. El consiguiente descarte necesario de las afirmaciones hechas anteriormente por los funcionarios no dejó ningún caso digno de confianza en el lado pro encierro y pro «vacuna».

Por poner algunos ejemplos de afirmaciones que los datos demostraron que eran falsas, pero que no se retractaron explícitamente:

«No vas a contraer COVID si te vacunas… Estamos en una pandemia de no vacunados» -Joe Biden

«Las vacunas son seguras. Se los prometo…» -Joe Biden

«Las vacunas son seguras y eficaces». -Anthony Fauci

«Nuestros datos de los CDC sugieren que las personas vacunadas no portan el virus, no enferman… y no solo en los ensayos clínicos, sino también en los datos del mundo real». – Dra. Rochelle Walensky.

«Tenemos más de 100,000 niños, lo que nunca habíamos tenido antes, en … estado grave y muchos con respiradores». -Justice Sotomayer (durante un caso para determinar la legalidad de los mandatos federales de «vacunas»).

… y así sucesivamente.

La última es especialmente interesante porque la pronunció un juez en un caso de la Corte Suprema para determinar la legalidad de los mandatos federales. Posteriormente, el ya mencionado Dr. Walensky, director del CDC, que previamente había hecho una declaración falsa sobre la eficacia de la «vacuna», confirmó bajo interrogatorio que el número de niños hospitalizados era solo de 3.500, y no de 100.000.

Para insistir aún más en el hecho de que las afirmaciones y políticas anteriores son desmentidas por hallazgos posteriores, pero no por ello revocadas, el mismo Dr. Walensky, director de los CDC, afirmó que «la inmensa mayoría de las muertes —más del 75 por ciento— se produjeron en personas que tenían al menos cuatro comorbilidades. Así que en realidad se trataba de personas que no estaban bien desde el principio».

Esa afirmación socavó tan completamente toda la justificación de las políticas de «vacunación» masiva y los cierres patronales que cualquier persona intelectualmente honesta que las apoyara tendría que reconsiderar su posición en ese momento. Mientras que el ciudadano de a pie bien podría haber pasado por alto esa información de los CDC, se trataba de la propia información del gobierno, por lo que el presidente Joe (y sus agentes) ciertamente no podrían haberla pasado por alto.

¿Dónde estaba el cambio radical en la política para que coincidiera con el cambio radical en nuestra comprensión de los riesgos asociados con COVID, y por lo tanto el equilibrio coste-beneficio de la «vacuna» no probada (a largo plazo) frente al riesgo asociado con la infección por COVID? Nunca llegó. Claramente, ni las posiciones políticas ni su supuesta base factual eran de fiar.

11. ¿Cuál era la nueva ciencia que explicaba por qué, por primera vez en la Historia, una «vacuna» sería más eficaz que la exposición natural y la consiguiente inmunidad? Por qué la urgencia de hacer que una persona que ha tenido COVID y ahora tiene cierta inmunidad se «vacune» después del hecho?

12. El contexto político y cultural general en el que se desarrollaba todo el discurso sobre la «vacunación» era tal que el nivel de evidencia sobre la seguridad y eficacia de la «vacuna» se elevaba aún más, al tiempo que se reducía nuestra capacidad para determinar si ese nivel se había cumplido.

En cualquier conversación con una persona «no vacunada» (y como educador y profesor, participé en muchas), siempre se ponía a la persona «no vacunada» en una postura defensiva de tener que justificarse ante el partidario de la «vacuna» como si su postura fuera de facto más perjudicial que la contraria. En tal contexto, la determinación precisa de los hechos es casi imposible: el juicio moral siempre inhibe el análisis empírico objetivo.

Cuando la discusión desapasionada de un tema es imposible porque el juicio ha saturado el discurso, sacar conclusiones lo suficientemente precisas y con la suficiente certeza como para promover la violación de derechos y la coerción de tratamientos médicos, es casi imposible.

13. En cuanto a la analítica (y el comentario de Scott sobre «nuestra» heurística superando a «su» analítica), precisión no es exactitud. De hecho, en contextos de gran incertidumbre y complejidad, la precisión está negativamente corelacionada con la exactitud. (Una afirmación más precisa tiene menos probabilidades de ser correcta).

Gran parte del pánico al COVID comenzó con la modelización. La modelización es peligrosa en la medida en que pone números a las cosas —los números son precisos, y la precisión da una ilusión de exactitud—, pero en contextos de gran incertidumbre y complejidad, los resultados de los modelos están dominados por las incertidumbres de las variables de entrada, que tienen rangos muy amplios (y desconocidos), y por los múltiples supuestos que en sí mismos solo garantizan una baja confianza. 

Por lo tanto, cualquier precisión que se pretenda obtener de los resultados de un modelo es falsa y la exactitud aparente es solo eso: aparente.

Lo mismo ocurrió con el VIH en los años ochenta y noventa. Los modelos de entonces determinaban que hasta un tercio de la población heterosexual podía contraer el VIH. Oprah Winfrey ofreció esa estadística en uno de sus programas, alarmando a toda una nación.

El primer sector que se dio cuenta de que se trataba de una absurda exageración fue el de los seguros, cuando no se produjeron todas las quiebras que esperaban a causa de los pagos de las pólizas de seguros de vida. Cuando la realidad no coincidió con los resultados de sus modelos, supieron que los supuestos en los que se basaban esos modelos eran falsos y que el patrón de la enfermedad era muy distinto del que se había declarado.

Por razones que escapan al ámbito de este artículo, la falsedad de esos supuestos podría haberse determinado en su momento. Sin embargo, lo que hoy nos interesa es el hecho de que esos modelos ayudaron a crear toda una industria del sida, que lanzó fármacos antiretrovirales experimentales a personas con VIH, sin duda con la sincera creencia de que podrían ayudarles. Esos medicamentos mataron a cientos de miles de personas.

Por cierto, el hombre que anunció el «descubrimiento» del VIH desde la Casa Blanca —no en una revista revisada por pares— y luego fue pionero en la enorme y mortal reacción al mismo fue el mismo Anthony Fauci que ha estado adornando nuestras pantallas de televisión en los últimos años.

14. Un enfoque honesto de los datos sobre COVID y el desarrollo de políticas habría impulsado el desarrollo urgente de un sistema para recopilar datos precisos sobre las infecciones por COVID y los resultados de los pacientes con COVID. 

En lugar de ello, los poderes fácticos hicieron todo lo contrario, tomando decisiones políticas que reducían a sabiendas la exactitud de los datos recopilados de forma que sirvieran a sus fines políticos.

En concreto, 1) dejaron de distinguir entre morir de COVID y morir con COVID y 2) incentivaron a las instituciones médicas a identificar las muertes como causadas por COVID cuando no había datos clínicos que respaldaran esa conclusión. (Esto también ocurrió durante el mencionado pánico del VIH hace tres décadas).

15. La falta de honradez de los partidarios de las «vacunas» se puso de manifiesto en los repetidos cambios de las definiciones oficiales de términos clínicos como «vacuna», cuyas definiciones (científicas) han sido fijas durante generaciones (como debe ser para que la ciencia haga su trabajo con precisión: las definiciones de los términos científicos pueden cambiar, pero solo cuando cambia nuestra comprensión de sus referentes).

¿Por qué cambiaba el Gobierno el significado de las palabras en lugar de limitarse a decir la verdad con las mismas palabras que había utilizado desde el principio? Sus acciones en este sentido fueron totalmente falsas y contrarias a la ciencia. El nivel de las pruebas vuelve a subir y nuestra capacidad para confiar en ellas, baja.

En su video (que mencioné al principio de este artículo), Scott Adams preguntó: «¿Cómo podría haber determinado que los datos que [«los escépticos de las vacunas»] me enviaron eran los buenos?». No tuvo que hacerlo. Los que acertamos o «ganamos» (por usar sus palabras) solo tuvimos que aceptar los datos de quienes impulsaban los mandatos de «vacunación».

Como ellos eran los más interesados en que los datos apuntaran en su dirección, podíamos poner un límite superior de confianza en sus afirmaciones contrastándolas con sus propios datos. Para alguien sin comorbilidades, ese límite superior seguía siendo demasiado bajo para asumir el riesgo de la «vacunación», dado el bajísimo riesgo de daños graves por contraer COVID-19.

En esta relación, también vale la pena mencionar que bajo las condiciones contextuales adecuadas, la ausencia de evidencia es evidencia de ausencia. Esas condiciones definitivamente se aplicaron en la pandemia: había un incentivo masivo para que todos los medios que estaban impulsando la «vacuna» proporcionaran pruebas suficientes para apoyar sus afirmaciones inequívocas a favor de la vacuna y las políticas de bloqueo y para denigrar, como lo hicieron, a los que no estaban de acuerdo.

Simplemente no aportaron esas pruebas, obviamente porque no existían. Dado que las habrían aportado si hubieran existido, la falta de pruebas presentadas evidenciaba su ausencia.

Por todas las razones anteriores, pasé de considerar inicialmente la posibilidad de inscribirme en un ensayo de vacunas a realizar una diligencia debida de mente abierta para convertirme en escéptico de la «vacuna» COVID. 

En general, creo que nunca hay que decir «nunca», por lo que estaba esperando a que se respondieran y resolvieran las preguntas y cuestiones planteadas anteriormente. Entonces, estaría potencialmente dispuesto a «vacunarme», al menos en principio.

Afortunadamente, no someterse a un tratamiento deja a uno la opción de hacerlo en el futuro. (Dado que lo contrario no es el caso, por cierto, el valor de opción de «no actuar todavía» pesa un poco a favor del enfoque cauteloso).

Sin embargo, recuerdo el día en que mi decisión de no tomar la «vacuna» se convirtió en firme. Un punto concluyente me llevó a decidir que no tomaría la «vacuna» en las condiciones imperantes. Pocos días después, le dije a mi madre en una llamada telefónica: «Tendrán que atarme a una mesa».

16. Independientemente de los riesgos asociados a una infección por COVID, por un lado, y a la «vacuna», por otro, la política de «vacunación» permitió violaciones masivas de los derechos humanos. 

Los «vacunados» se alegraron de ver cómo se suprimían libertades básicas a los «no vacunados» (la libertad de hablar libremente, trabajar, viajar y estar con sus seres queridos en momentos importantes como nacimientos, defunciones, funerales, etc.) porque su condición de «vacunados» les permitía aceptar de nuevo como privilegios de los «vacunados» los derechos que se habían suprimido a todos los demás.

De hecho, muchas personas admitieron a regañadientes que se «vacunaron» por esa misma razón, por ejemplo, para conservar su trabajo o salir con sus amigos. Para mí, eso habría sido ser cómplice de la destrucción, por precedente y participación, de los derechos más básicos de los que depende nuestra pacífica sociedad.

Ha muerto gente para garantizarnos esos derechos a mí y a mis compatriotas. Cuando era adolescente, mi abuelo austriaco huyó a Inglaterra desde Viena y enseguida se unió al ejército de Churchill para derrotar a Hitler. 

Hitler fue el hombre que asesinó a su padre, mi bisabuelo, en Dachau por ser judío.

Los campos empezaron como una forma de poner en cuarentena a los judíos, considerados vectores de enfermedades a los que había que suprimir sus derechos para proteger a la población en general. En 2020, todo lo que tuve que hacer en defensa de esos derechos fue aguantar que me limitaran los viajes y me prohibieran el acceso a mis restaurantes favoritos, etc. durante unos meses.

Incluso si yo fuera un extraño valor estadístico atípico, de modo que COVID pudiera hospitalizarme a pesar de mi edad y buena salud, que así fuera: si fuera a llevarme, no dejaría que me arrebatara mis principios y derechos mientras tanto.

¿Y si me equivocara? ¿Y si la abrogación masiva de derechos que fue la respuesta de los gobiernos de todo el mundo a una pandemia con una tasa de mortalidad ínfima entre los que no estaban «mal para empezar» (por usar la expresión del director del CDC) no iba a terminar en unos pocos meses?

¿Y si fuera a durar para siempre? En ese caso, el riesgo que COVID supondría para mi vida no sería nada comparado con el riesgo que corren nuestras vidas cuando salimos a la calle con la última y desesperada esperanza de recuperar las libertades más básicas de un Estado que hace tiempo que ha olvidado que solo existe legítimamente para protegerlas y que, en cambio, ahora las considera obstáculos incómodos que hay que sortear o incluso destruir.

 

 (*) Consultor, instructor y escritor en el campo de la comunicación política y la psicología. También es decano académico del Instituto John Locke y miembro del profesorado de la Fundación para la Educación Económica.

viernes, 16 de agosto de 2024

La viruela del mono: la siguiente farsa PLANdémica de las élites genocidas / Luys Coleto *


Toda astracanada requiere de suculento simulacro. La viruela del mono, la como no podía ser menos, ha tenido su representación previa. Tal la calandraca pangolínica, memento Evento 201, el pasado año, el denominado Panel Independiente para la Preparación y Respuesta ante Pandemias, formado por expertuzos en "bioseguridad y salud pública", sic, puso en marcha otra simulación de un juego de guerra “vírico” semejante lo que ocurriría en caso de que "agentes encubiertos" (terroristas biológicos, ellos mismos) liberaran una cepa de viruela del mono modificada genéticamente en laboratorio y, por supuesto, a prueba de la vacuna contra la viruela. En su divertimento bélico presagiaron la muerte de 250 millones de seres humanos en todo el planeta. Sus programadas “plagas”, pues.

Como el coronatimo, lo tenían planeado

Pero no fue tan solo el citado simulacro. En absoluto. Y siempre mintiendo, compulsiva y perennemente, no podía ser de otra forma: encubrimiento masivo desde que el mundo es mundo. Ejemplo a vuela teclado. Las vacunas no acabaron con la viruela (ni con la polio ni con ninguna enfermedad "vírica" o "bacteriana"). Los bioterroristas -es decir, los mundialistas de la despoblación- desencadenando su próxima guerra biológica.

Fueron más simulacros sobre viruela, por supuesto. En principio, chocante dato: muestras de una enfermedad presuntamente erradicada desde los ochenta son enviadas a dos centros “autorizados”: el Centro Estatal para las Investigaciones Virológicas y Biotecnológicas VECTOR (Koltsovo, región de Novosibirsk, Rusia) y en el CDC de Atlanta, en Estados Unidos. 

Y nutridas desinformaciones y "estudios" previos. “Prefiguraciones” teatrales: el Congo, top. Teatros dentro del calderoniano Gran Teatro del Mundo. Presagiando, pues. Por ejemplo, en noviembre del pasado año, en un laboratorio de una significativa pieza de Farmafia, Merck, se encontraron viales etiquetados como "viruela" (¿pero no habíamos quedado que tan solo se hallaban en Rusia y Usa?).

El otro simulacro, pues: glorioso Dark Winter (Invierno Oscuro). Arma biológica contra la población americana. Viruela, pretexto "vírico". SMALLPOX BIOWAR, pues. El Gran Profeta (de los cojones): Bill Gates, obvio. El maltusiano lenda merenda ha advertido en menudeadas ocasiones -con una inquietante sonrisa brotando de sus labios- que Gringolandia (para principiar) debería prepararse para un ataque terrorista de viruela.

 Por ejemplo, en los aeropuertos estadounidenses, tan 11-S, tan obra maestra de Terry Gilliam: Doce Monos. Cuando Bill Gates lanza una “aviso” de este tipo suele ser porque los genocidas globalistas están planeando llevarla próxima e indubitablemente a cabo.

El colega Gates, perejil de todas las salsas. Sin ir más lejos, el pasado San Isidro Labrador, durante una entrevista promocional de su propio Mein Kampf, How to prevent the next pandemic ("Cómo prevenir la próxima pandemia"), en la caja tonta del zurderío globalista. La CNN, claro (aquí en Bozalistán, La Sextapo).

El führer del Cuarto Reich vaticinaba en esa entrevista que "hasta que las 'vacunas' evolucionen, una dosis cada seis meses ofrece la mejor protección para los mayores de 50 años...". Primero, a por los mayores, indudablemente. 

Apuntaba, también, la primera decisión que muy probablemente tomará la OMS (Organización Mafiosa contra la Salud) en el atroz conciliábulo que "casualmente" se celebrará en la masónica Ginebra durante la próxima semana (del 22 al 28 de mayo de 2022). Allí se adoptarán, digamos, los estatutos del Cuarto Reich, una suerte de brutal tiranía sanitaria, que bautizada como "Tratado Internacional sobre Pandemias"…

…Y España, fiel lacaya, siempre a la vanguardia. De las mentiras. BÉLICAS: "víricas" (preferible viruela a Marburgo, vinculado a la deletérea 5-G). O ucranianas. O, sobre todo, climáticas, geoingeniería mediante. La próxima astracanada, más que probable. En fin.

 

(*) Periodista 

 

sábado, 10 de agosto de 2024

Escuela de calor 2024 / Fernando del Pino Calvo-Sotelo *

 Publicar en plena canícula veraniega un artículo sobre cambio climático con este título se ha convertido en toda una tradición. Este año, además, se cumple el 40º aniversario de la canción homónima, aparecida en una época, los gloriosos 80, en la que la música era música, la vida estaba llena de esperanza y el ciudadano era mucho más libre. También en aquella época los científicos aún no sacrificaban su integridad por defender una consigna política que les asegurara el empleo o el ascenso.

La habitual campaña de alarmismo climático hiberna como los osos para resurgir con fuerza cada verano aprovechando las olas de calor propias de la estación (verano: «época más calurosa del año»).

 Sin embargo, este año las hordas climáticas andan perplejas: la sequía (que ningún meteorólogo supo predecir) pareció acabar con los muy húmedos meses de marzo y junio (lluvias que tampoco supieron predecir) y este mes de junio también ha sido frío[1], como fría aparenta haber sido la primera mitad de julio, mal comienzo para un verano para el que la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) española pronosticaba (¿basándose en qué?) temperaturas «muy altas»[2]

 Pues bien, los mismos meteorólogos que no tienen ni la más remota idea de qué tiempo va a hacer la semana que viene o de cuándo empiezan o acaban las sequías pretenden hacernos creer que saben cómo será el clima del planeta dentro de 100 años.

El gran engaño es hacernos creer que vivimos una emergencia climática por nuestra culpa con temperaturas jamás vistas, aunque en ocasiones el timo quede en evidencia cuando el derretimiento de un glaciar deja al descubierto restos arqueológicos de una senda utilizada por romanos y vikingos[3], lo que demuestra que tanto en el Período Cálido Medieval como en el Romano (hace unos 800 y 2000 años, respectivamente) no existían dichos glaciares. 

Debo añadir que nunca he comprendido la adoración totémica de algo tan carente de vida e inútil como un glaciar (al menos hasta que se derrite).

Otro ejemplo es el reciente descubrimiento de restos fósiles de gatos salvajes, cánidos, osos pardos y urogallos más allá del Círculo Polar Ártico, lo que sugiere una época más cálida en el Máximo del Holoceno (hace unos 8.000 años)[4]. De hecho, incluso el IPCC duda («nivel medio de confianza») que la temperatura actual será superior a la de aquel entonces[5].

Asimetría informativa

No es casualidad que el globalismo utilice la meteorología como arma, pues tenemos una memoria muy corta y nos limitamos a reproducir creencias populares: “el tiempo ya no es el de antes”, es el mantra. No es así. De hecho, llaman ciencia a lo que no es más que propaganda, como pone de manifiesto la asimetría informativa con la que se denominan fenómenos de distinto signo, pero idéntica naturaleza: si hace frío y llueve nos encontramos ante un fenómeno meteorológico pasajero («aislado»), sea una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) o una BFA (Borrasca Fría Aislada), pero si hace calor o hay sequía siempre es cambio climático. ¿Ya no hay anticiclones?

No obstante, el instrumento más eficaz para promover el miedo al apocalipsis ha sido ligar al cambio climático los fenómenos meteorológicos extremos. El primero en comprenderlo fue Al Gore, que utilizó las impactantes imágenes del huracán Katrina (2005) como base de su conocido documental propagandístico (2006). Estas supuestas relaciones de causalidad, sin embargo, nunca estuvieron basadas en la ciencia o en la observación, sino en el trabajo de agencias de publicidad contratadas ad hoc para encontrar las palancas que más pudieran mover a la opinión pública.

La caída de los iconos del cambio climático

El paso de los años ha puesto de manifiesto que todos los iconos de la propaganda climática eran puras invenciones: la población de osos polares sigue creciendo[6], los corales de la Gran Barrera de Coral alcanzaron máximos de los últimos 40 años en 2024[7], la superficie quemada por incendios forestales ha disminuido un 25% en las últimas décadas[8] y los fenómenos meteorológicos extremos no han aumentado en frecuencia o severidad.

Así lo reconoce hasta el IPCC en los capítulos científicos del AR5[9] y del AR6[10], donde deja claro que «la evidencia es limitada o no hay señal» de que hayan variado significativamente las precipitaciones, ni las inundaciones, ni las sequías, ni los huracanes, ni la cobertura de nieve ni la acidez del océano, otorgando una «baja confianza» a las afirmaciones que se hagan al respecto.

Naturalmente, los medios de comunicación continúan ligando cada huracán, cada sequía, cada fuego forestal y cada inundación al cambio climático a pesar de que incluso la Organización Meteorológica Mundial advierte de que «ateniéndonos al estado actual de conocimiento de la ciencia, ningún huracán u otro evento concreto puede atribuirse al cambio climático inducido por el hombre»[11].

Las noticias sobre el supuesto derretimiento de los hielos tampoco tienen fundamento. La temperatura media de la Antártida (-57ºC), reservorio del 90% de hielo del planeta, se mantiene estable desde 1979[12], como lo está su hielo continental y flotante[13], que incluso podría haber aumentado en la última década[14]

Asimismo, la capa de hielo de Groenlandia (reservorio del 9% del hielo del planeta) es hoy superior al que había en el Holoceno Medio, hace 6.000 años[15], cuando probablemente la temperatura del planeta era superior a la actual[16]. No olviden que Groenlandia («Tierra Verde») fue bautizada así por sus pastos cuando fue habitada durante el Período Cálido Medieval.

La polémica con la AEMET

En España, la AEMET, cuyas publicaciones y servicios sigo desde hace muchos años, no se ha librado de la contaminación política, y su instrumentalización para promover la agenda climática se ha vuelto tan patente que ha ido atrayendo el escrutinio creciente de analistas. 

Algunos de ellos denunciaron recientemente que la Agencia había tildado la primavera de 2024 de «cálida» cuando en 2016 la había tildado de «fría» con idéntica temperatura. Esto estaría en consonancia con los meteorólogos que pintan los mapas del tiempo de un alarmante color fuego por temperaturas que antaño pintaban de colores más normales (¿cambio climático o cambio cromático?).

Aplaudo el seguimiento crítico de los datos de la AEMET, aunque en este caso el hecho tenga explicación. En efecto, la Agencia cambió en 2020 la metodología utilizada para calcular las temperaturas medias en España y modificó las series numéricas, pero no el texto de sus informes ya publicados. 

El sistema anterior calculaba la temperatura de España mediante una media de 42 estaciones ponderada por la superficie resultante de aplicar los polígonos de Thiessen, sencillos diagramas de Voronoi que son un método geométricamente elegante, pero arbitrario y demasiado simple[17].

La nueva metodología se basa en la utilización de 1.800 estaciones de medición a las que se ha añadido datos interpolados en pequeñas rejillas con modelos de regresión múltiple que tengan en cuenta latitud, altitud y distancia de la costa. Como consecuencia del cambio metodológico, las temperaturas de la serie histórica han bajado una media de casi 1,5ºC.

¿Ha dejado de ser fiable la AEMET?

Sin embargo, aunque la AEMET no sea culpable de aplicar adjetivos diferentes a temperaturas idénticas, su actuación plantea muchos interrogantes. Que un simple cambio metodológico haga variar la serie histórica de temperaturas en casi 1,5ºC demuestra una vez más que la medición de temperaturas es siempre aproximada y que no puede inferirse ningún cambio climático de diferencias de décima de grado. 

En segundo lugar, el nuevo sistema implica que la inmensa mayoría de datos son estimaciones estadísticas y no mediciones directas de temperatura. Animo a la AEMET a publicar la serie histórica de las temperaturas medidas por las actuales 1.800 estaciones sin interpolaciones (500 estaciones en 1961, y un número creciente desde entonces).

Asimismo, las correlaciones entre los resultados de dos metodologías tan diferentes son demasiado elevadas como para no sospechar la existencia de sesgos confirmatorios, a pesar de la cercanía de las estaciones entre sí[18], y las verificaciones estadísticas no garantizan ni mucho menos el funcionamiento del modelo en el futuro (como ocurre con todo backtesting).

La nueva metodología gana cuatro años a la serie histórica anterior, que empezaba en 1965. Ahora nos podemos remontar a 1961, pero ¿por qué no se remonta la AEMET a 1940 o 1950? Tiene entre 300 y 500 estaciones para elaborar una buena media, así que le animo a hacerlo, porque quizá veríamos que las temperaturas actuales son similares a las de aquel entonces.

En efecto, entre 1945 y 1975, aproximadamente, el planeta se enfrió, el «bien conocido enfriamiento térmico»[19], en palabras de la AEMET, que sin embargo no explica la caída de temperaturas en España hasta el mínimo de 1972 ni parece preguntarse por qué se produjo tal enfriamiento si el CO2 ya estaba aumentando en ese período. Una correlación negativa excluye la posibilidad de una relación de causalidad.

Tampoco existe correlación entre el aumento de CO2 y la conocida como «la Pausa» o el Hiato, ese período entre 1998 y 2015 en el que la temperatura terrestre no aumentó a pesar del constante aumento del CO2

Este fenómeno fue silenciado por los medios y negado por los patéticos fact-checkers a pesar de que el propio IPCC mencionaba «la Pausa» en 53 ocasiones en su Quinto Informe (AR5) y le dedicaba un artículo entero titulado «Los Modelos Climáticos y la Pausa en el Calentamiento Global en los últimos 15 Años»[20]

 La AEMET reconoce la «ralentización del calentamiento observada en las décadas de 1990 y 2000, durante las cuales el calentamiento daba muestras de haber cesado»[21], aunque sorprendentemente esta «época en que el calentamiento parece estancarse»[22] no le parece merecedora de comentario alguno.

Sesgos climáticos

Otro ejemplo del sesgo de la AEMET es que, al comentar que a partir de 1991 se sucedieron tres años fríos consecutivos (siendo 1993 el cuarto año más frío desde 1961), menciona la coincidencia temporal con la erupción del volcán Pinatubo dando a entender que ésa fue la causa. Sin duda, las erupciones de volcanes en superficie tienden a provocar un enfriamiento temporal del planeta, pero ¿por qué sólo se buscan explicaciones naturales a los años fríos y no a los cálidos? 

¿Por qué la AEMET no liga el calentamiento de los dos últimos años a otros fenómenos concretos como El Niño 2023-2024 (el cuarto más fuerte de la historia) o la erupción del volcán submarino Hunga-Tonga en 2022, que lanzó a la atmósfera un ingente volumen de vapor de agua (el mayor gas invernadero), lo que «podría calentar temporalmente la superficie terrestre»[23], según la NASA?

La AEMET también obedece fielmente las consignas del IPCC en su forma de presentar los datos para manipular a la opinión pública. Así, compara la temperatura actual con la que llama la época preindustrial, que data en 1850. 

Casualmente, 1850 marca un mínimo en las temperaturas de los últimos 700 años y coincide con el fin de la Pequeña Edad de Hielo, que comenzó alrededor del 1300 (cuando terminó el Período Cálido Medieval) y supuso un severo enfriamiento de la Tierra por causas naturales, cuyos detalles, como tantas cuestiones sobre el clima, aún se ignoran.

La pregunta es: ¿por qué no toman el año 1300 como origen de la temperatura “preindustrial”? Porque el s. XIV es tan “preindustrial” como el s. XIX, ¿no? Sencillamente, porque si tomaran ese año veríamos que las temperaturas actuales no difieren mucho de las de aquel entonces y el relato apocalíptico se derrumbaría como un castillo de naipes. 

Lo mismo ocurre con los datos por satélite, que comienzan a darse en 1979, justo después de 30 años de enfriamiento de la atmósfera. Ya saben, si quieren manipular un gráfico y dar a entender una tendencia, elijan bien el origen e coordenadas y, sobre todo, t0.

Asimismo, la AEMET nunca habla de temperaturas absolutas, sino de «anomalía» de temperaturas respecto de una media móvil. Naturalmente, ésta es la práctica estándar de toda la literatura científica sobre el clima, pero semejante utilización del lenguaje resulta relevante, puesto que el término «anomalía» da a entender que existe una anormalidad, una rareza, una desviación, un defecto.

 Sin embargo, el único modo de que no existiera anomalía alguna sería que la temperatura de la Tierra fuera siempre constante, y eso sí que sería raro.

Centrar la atención en las supuestas «anomalías» tiene una enorme importancia a la hora de presentar gráficamente los datos, pues no es lo mismo presentar un gráfico de anomalías de décimas de grado (en el que variaciones muy pequeñas parecen enormes) que un gráfico de temperaturas como el siguiente, que muestra la temperatura media de España desde 1961 hasta 2023 según la nueva metodología de la AEMET:


Islas de calor urbano            

Según la AEMET, la temperatura media de España ha aumentado a un inapreciable ritmo de 0,31ºC por década desde 1961. En parte, este aumento se debe al llamado efecto de isla de calor urbano (UHI), causado por termómetros antaño situados en un pueblo o en mitad de un prado que hoy se encuentran en plena ciudad, con tráfico, aire acondicionado y calefacciones, o, peor aún, cerca de esos adefesios llamados huertos solares, capaces de elevar la temperatura circundante hasta 4ºC[24]

Este efecto hace que las series históricas de mediciones de superficie deban ser tomadas con cautela y explica por qué los satélites medían un aumento de temperaturas muy inferior al que medían los termómetros de superficie hasta que, en 2017, curiosamente, se modificó la interpretación de los datos satelitales[25]. De hecho, en su primera década en el espacio (1979-1989) los satélites no detectaron calentamiento alguno de la Tierra a pesar del aumento de CO2.[26]

La Agencia menciona que con su nueva metodología el efecto de isla de calor urbana se atenúa, pero le resta importancia citando al AR5 (y AR6) del IPCC para afirmar que no cree que afecte en más de un 10%. 

Sin embargo, reconoce que en regiones en rápido desarrollo (como España desde 1961) esta cifra pueda ser mayor, e investigaciones recientes afirman que el efecto de isla de calor urbano es muy superior al estimado por el IPCC, de modo que, si se utilizan sólo las temperaturas medidas por estaciones rurales, el supuesto ritmo de calentamiento del hemisferio norte desde 1850 sería un 40% inferior[27]

Animo a la AEMET a publicar las temperaturas históricas de sus estaciones rurales exclusivamente.

La mayor estafa de la Historia

Dada la ingente cantidad de dinero que depende del catastrofismo climático, la aplastante presión y censura sobre los científicos y el significativo número de caraduras que viven de ello, probablemente nos encontremos ante la mayor estafa de la Historia.

 Sin embargo, no debemos olvidar que ante todo nos encontramos frente a una agenda de poder con la que el globalismo sueña alcanzar su distopía: una sociedad controlada, sin libertad ni prosperidad y sometida a todo tipo de prohibiciones y restricciones por miedo a un apocalipsis inventado.

 Mencken lo describió hace más de un siglo: «El único objetivo es mantener a la población asustada (y, por tanto, clamando por su salvación) amenazándola con una interminable serie de temores, casi todos imaginarios[28]». Amén.

(*) Economista español

[1] Resumen mensual climatológico de España (aemet.es)
[2] Una primavera más cálida de lo normal dará paso a un verano con temperaturas muy altas – Agencia Estatal de Meteorología – AEMET. Gobierno de España
[3] Melting Ice Reveals an Ancient Thriving Trade Route – State of the Planet (columbia.edu)
[4] Ancient DNA and osteological analyses of a unique paleo-archive reveal Early Holocene faunal expansion into the Scandinavian Arctic | Science Advances
[5] IPCC AR6, WG 1, TS 112.
[6] 50 years after hunting ban polar bears are thriving, new report shows – The Global Warming Policy Foundation (thegwpf.org)
[7] Bjorn Lomborg en X: «Doesn’t fit the narrative, but 2024 record coral cover for Great Barrier Reef Based on official data for all 11 sectors of GBR, Last three years, 2022-2024, have been unprecedented Data: https://t.co/MQ0qkITsby https://t.co/Ru0rZGwytS https://t.co/F5EH0hjaL3» / X
[8] A human-driven decline in global burned area | Science
[9] IPCC AR5, WG 1, Chapter 2.6, p.214-220
[10] IPCC AR6, WG 1, Chapter 12, p. 1770-1856
[11] Citado por S. Koonin, El Clima: no todo es culpa nuestra, La Esfera de los Libros, 2023.
[12] The State of the Climate in 2023 (thegwpf.org)
[13] Understanding climate: Antarctic sea ice extent | NOAA Climate.gov
[14] TC – Change in Antarctic ice shelf area from 2009 to 2019 (copernicus.org)
[15] IPCC AR6, WG 1, 9.6.2.
[16] NOAA National Environmental Satellite, Data, and Information Service: Mid-Holocene Warm Period, Penultimate Interglacial Period and Early Eocene Period
[17] Los polígonos de Thiessen se crean uniendo entre sí los puntos del plano que marcan la localización de cada estación, trazando las mediatrices de los segmentos de unión y estableciendo distintas áreas de influencia de cada estación con las intersecciones de dichas mediatrices.
[18] Hansen y Lebedeff, 1987
[19] NT_31_1_Analisis_temp_rejillas.pdf (aemet.es) p. 48
[20] IPCC AR5, WG 1, Box TS 3, p. 61-63
[21] NT_31_1_Analisis_temp_rejillas.pdf (aemet.es)
[22] Análisis de las temperaturas en España en el periodo 1961-2018. Volumen 2. Series de temperaturas medias en España a partir de estaciones de referencia (aemet.es)
[23] Tonga Eruption Blasted Unprecedented Amount of Water Into Stratosphere – NASA
[24] The Photovoltaic Heat Island Effect: Larger solar power plants increase local temperatures | Scientific Reports (nature.com)
[25] The State of the Climate in 2023 (thegwpf.org)
[26] Satellites Find No Sign of Global Warming in 80’s – The New York Times (nytimes.com)
[27] Climate | Free Full-Text | The Detection and Attribution of Northern Hemisphere Land Surface Warming (1850–2018) in Terms of Human and Natural Factors: Challenges of Inadequate Data (mdpi.com), citado por José Gefaell (@ChGefaell)
[28] Citado por S. Koonin, El Clima: no todo es culpa nuestra, La Esfera de los Libros, 2023.