En un nuevo estudio que desafía la noción de
que la función principal del sueño es dar descanso al cerebro, un equipo
de investigadores de la Universidad de Chicago (EEUU) ha descubierto
que el sueño deficiente tiene un impacto nocivo sobre las células
grasas, lo cual reduce en un 30 por ciento su capacidad de respuesta a
la insulina. La investigación ha sido publicada en 'Annals of Internal Medicine'.
La falta de sueño ha sido asociada con la alteración de la función
cerebral, causando disminución del estado de alerta y reduciendo la
capacidad cognitiva. Ahora, este nuevo estudio ha descrito, por primera
vez, un mecanismo molecular que conecta directamente la pérdida de sueño
con la alteración de la regulación energética en los seres humanos, un
proceso que puede causar aumento de peso, diabetes y otros problemas de
salud.
"Hemos observado que las células de grasa necesitan dormir para funcionar correctamente", señala el coautor del estudio, Matthew Brady, de la Universidad de Chicago.
Según explica el investigador, "el tejido adiposo almacena y
libera energía; en el modo de almacenamiento, las células grasas
eliminan ácidos grasos y lípidos de la circulación, donde pueden dañar
otros tejidos. Cuando las células grasas no pueden responder de manera
efectiva a la insulina, estos lípidos se quedan en la sangre, dando
lugar a complicaciones graves".
La coautora Esra Tasali realizó un estudio con seis hombres y una
mujer, todos jóvenes, delgados y saludables. Cada voluntario pasó por
dos condiciones de estudio en cuatro semanas. En uno, cada persona pasó
8,5 horas por noche en la cama, durante cuatro noches consecutivas. En
el otro, durmieron 4,5 horas durante cuatro noches.
La mañana después de la cuarta noche, tras haber pasado por las
dos condiciones de sueño, los voluntarios fueron sometidos a una prueba
de tolerancia a la glucosa intravenosa. Los investigadores realizaron
entonces una biopsia, obteniendo células de grasa abdominal de cada
voluntario, y midieron cómo respondían estas células de grasa a la
insulina.
Los investigadores evaluaron la sensibilidad a la insulina a nivel
molecular mediante la medición de la fosforilación de una proteína
llamada Akt, en las células de grasa. Después de cuatro noches de sueño
deficiente, la respuesta de insulina en todo el cuerpo disminuyó en un
promedio del 16 por ciento, y la sensibilidad a la insulina de las
células de grasa disminuyó en un 30 por ciento.
"Algunas personas dicen que pueden tolerar los efectos cognitivos de la privación del sueño",
señala la coautora Eve Van Cauter, de la Universidad de Chicago, "sin
embargo, nuestro muestra que la privación de sueño produce un cambio
significativo en la sensibilidad a la insulina, por lo que el cuerpo no
tolera las consecuencias metabólicas".
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